21 feb. 2014

Mano de Galaxia. I. Golconda - Gabriel Bermúdez

Hace unos meses la editorial Prensas Universitarias de Zaragoza se puso en contacto con este humilde blog para ofrecerme una copia de esta ambiciosa novela en dos volúmenes cuidadosamente editados, a lo cual accedí encantado (vaya desde aquí nuevamente mi agradecimiento por el regalo y por el interés en Das Bücherregal). Gabriel Bermúdez, que ha resultado ser todo un personaje dentro de la ciencia-ficción española, nació en Valencia pero desde el traslado con toda su familia a Zaragoza cuando aún era un niño ha estado muy vinculado a la escena literaria de esa ciudad, de ahí su inclusión en la colección Larumbe. Textos Aragoneses de esta editorial. Entre sus logros está el de haber sido el único autor español incluído en la mítica colección Acervo de ciencia ficción con dos títulos, uno de ellos el que me ocupa hoy. Como gran fan que soy de dicha colección, esto le otorga inmediatamente cierto prestigio en mi universo particular. Por otro lado mi única experiencia hasta el momento en este género con autores españoles es El Triángulo D, del también aragonés Manuel Buil, así que he tenido la oportunidad de conocer otras voces patrias dedicadas al amplio mundo de la ciencia-ficción.

El protagonista Mano de Galaxia. I Golconda es Víctor Lanyard, un niño en torno a los 9-10 años, que con ayuda de una píldora aceleradora desarrollada por un tal Profesor Taberner se ha transformado en algo que no es hombre ni infante. Él es el primero de éstos mutantes, denominados por sí mismos paidos (del griego παιδιον - paidos - niño), más inteligentes y fuertes que simples críos, la sexualidad y los caracteres sexuales secundarios desarrollados, pero aspecto general de chiquillo y altura media en torno a 1.30m. Víctor era un niño maltratado procedente de un entorno familar disfuncional, de manera que las ventajas que adquiere tras tomar esta cápsula hacen que se vuelva un psicópata, un borderline, un magelómano con una fobia patológica a los adultos, a quienes llama 'prohibidos' porque les está vedado revelar su verdadera naturaleza. Así pues, pone en marcha una cruzada personal de conversión de criajos en paidos, primero para ayudarles a escapar de destinos tan desdichados como el suyo, pero posteriormente con objetivos cada vez más siniestros.

Mano de Galaxia es una space opera, es decir, una novela de aventuras en un contexto scifi. No puedo decir que mi relación con las space operas sea demasiado buena, mi primer contacto consciente con este subgénero fue espantoso, tanto que ni siquiera lo pude terminar: Pensad en Flebas de Iain M. Banks. Luego me he tropezado con supuestos clásicos que me han parecido muy, muy flojos: Invernáculo de Brian W. Aldiss o El Hombre en el Laberinto de Robert Silverberg sin ir más lejos. No obstante, he seguido leyendo novelas de ciencia-ficción con una fuerte componente de aventuras de las cuales no tengo queja: Hyperion y la reciente La Caída de Hyperión de Dan Simmons tiene mucho de novela de aventuras, por poner un ejemplo muy fresco para mi. El Juego de Ender de Orson Scott Card o Pórtico de Frederik Pohl también son excelentes historias en que la idea de aventura espacial juega un papel importante en la trama. Pero en estos cuatro últimos casos, la acción viene justificada por razones de mucho peso argumental: conflictos interespecie, planetas arrasados por colonizaciones abusivas, serios traumas y conflictos personales, luchas políticas, distopías, gobiernos totalitarios que manipulan a los ciudadanos... Es cierto que el marco en que se desarrolla Mano de Galaxia tiene algunos de estos aspectos bastante bien planteados. Sin ir más lejos se nos explica que Golconda, un planeta con sobreabundancia de recursos minerales, se colonizó con presos a los que se ofreció permutar la condena por una nueva vida dedicada a la minería; también se aclara el contexto político, de manera que La Tierra es el centro de poder de una dictadura militar que asfixia a todas las colonias planetarias; etc. No obstante, para mi gusto, el gran peso de la narración son simplemente las andanzas del repelente Víctor, de forma que página tras página asistimos a su deambular por el planeta en correrías que abarcan desde el pequeño crimen organizado al principio, una extemporánea aventura en un núcleo minero fuera de la capital en las páginas centrales, o un final con sublevación mediante un ejército de niños mutantes liderados por él y sometidos a un férreo control. Además, en mi opinión, poner a un crío como protagonista es un riesgo muy alto. Recordemos que Ender según en qué situaciones tenía muy poca credibilidad. Pues con Lanyard pasa algo parecido: Bermúdez ha creado un  personaje inestable psicológicamente, voluble, terriblemente inmaduro, violento y cruel cuya demente actitud me ha resultado inconcebible. Cuando remeda comportamientos y hábitos adultos (fumar, beber alcohol, o mantener relaciones sexuales), mis sensaciones han oscilado entre la repulsión y la vergüenza ajena. Imposible identificarse ni empatizar con alguien así, claro que también puede ser que me haya perdido y ese precisamente sea el objetivo que buscaba el autor.

En cualquier caso y a pesar de este desinterés mío en niños con armas laser conquistando planetas, se nota que la novela ha sido bien pensada y la trama está bien atada, sin improvisaciones -me vuelve a la cabeza Pensad en Flebas otra vez-, ni fallos de continuidad, algo que abundaba en Invernáculo por ejemplo. Hay una evolución clara en la magnitud de las aventuras y en la complejidad del protagonista. Cada episodio aporta unos resultados que permiten intensificar la acción en los siguientes. Por otra parte, el autor domina la escritura y consigue que la lectura no se haga nada pesada, y eso a pesar de que, como he dicho, a mí la aventura por la aventura no me dice absolutamente nada. Me he ventilado sin esfuerzo las 500 y pico páginas de la novela más la extensa introducción a cargo del editor Luis Ballabriga. Como curiosidad indicar que el protagonista emplea un argot propio de delincuentes, ladrones y asesinos, donde se mezclan regionalismos y préstamos del caló, cheli o antiguas germanías. Por suerte esta edición recoge en notas al pie de página todos los significados. También es de destacar la doble tinta del texto, de forma que se reflejan en rojo las partes de la novela que fueron modificadas y/o censuradas en la edición de Acervo.

Resumiendo, un libro bien escrito y fácil de leer que temáticamente no encaja en mis preferencias. ¿Seré capaz de leer la segunda parte? Pues no lo descarto, pero dejaré pasar algún tiempo antes de ponerme a ello. En esta ocasión, el apartado final recomendando otras reseñas queda desierto porque no he conseguido encontrar ninguna en la blogosfera.

4 comentarios:

condonumbilical dijo...

Dos cosas te voy a decir:

1. ¡Serás cabrón! A mí nadie me envía libros para que los reseñe... ¿tan malo soy? ("tan malo" puede referirse a "baja calidad reseñística" o a "maldad").

2. Veo que tienes "Trilobites" como próxima lectura. Justo ahora mismo estaba buscando información sobre ese libro y mirando a ver si estaba en alguna biblioteca (negativo). Ya me contarás.

Cities: Moving dijo...

@condonumbilical: Te advierto que yo me quedé tan alucinado como tú cuando me llegó la propuesta. Se me ocurre que quizás tenga que ver que he reseñado mucha ciencia-ficción, pero es solo suposición mia.

Barrena dijo...

Yo te recomiendo la segunda parte encarecidamente. A mí Golconda me gustó, pero Haladriel y el conjunto que ambas forman bajo el título de "Mano de la Galaxia" me parecen de lo mejor que he leído en mi vida.

Cities: Moving dijo...

@Barrena: Pues no la descarto paro más bien a medio plazo. Como he comentado, a persar de que las space operas no son lo mío, no me parece que esta primera parte sea una mala novela en absoluto. Gracias por tu comentario.

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