24 mar. 2013

El Mundo de Cristal - J. G. Ballard

Como admirador que soy de James G. Ballard, estoy encantado con que RBA esté reeditando algunas de sus obras con nuevas traducciones dentro de la colección que han denominado Literatura Fantástica. Hoy le toca el turno a El Mundo de Cristal, que para mi goce y disfrute, vuelve a contemplar todas las obsesiones que han caracterizado su producción que aún con reservas, se puede clasificar como "ciencia-ficción".

En esta ocasión, asistimos a un extraño proceso de cristalización que afecta a la Tierra y sus ocupantes, ya sean animales, vegetales, el propio sustrato terrestre, las construcciones humanas, etc. Todos los tejidos, componentes y materiales ordenan sus átomos de forma periódica y durante el crecimiento de los mismos terminan por fusionarse en un todo. No está claro qué ocurre con los seres vivos tras la mutación/asimilación, pero hay sospechas de que se entra en un nuevo estado que no es vida ni muerte. Por el momento esta rareza se está manifestando únicamente en tres focos: la península de Florida, los pantanos del Pripet en la Unión Soviética y la selva de la República de Camerún, que es donde transcurre la acción. En el país africano el proceso no es todavía demasiado grave, en Florida por ejemplo ya han sido evacuadas 3 millones de personas. Así que nuestro protagonista, el Dr. Edward Sanders, que trabaja en la leprosería de Fort Isabelle, aprovecha unas semanas de vacaciones para ir a visitar a sus amigos y colegas Max y Suzanne Claire en Port Royal, que para colmo de males, está en pleno epicentro de este fantástico fenómeno natural.

A partir de estos personajes y de sus ocultas motivaciones (Suzanne estuvo trabajando en la leprosería con Edward, donde ambos tuvieron un affaire amoroso), Ballard elabora una intrigante novela donde un montón de enigmáticos personajes de lo más variopinto se mezclan y utilizan los unos a los otros para conseguir sus misteriosos objetivos. Monsieur Ventress, un personaje de lo más turbio que va en busca de su mujer, quien tras un matrimonio muy lejos del ideal, ha huido con Thorensen, el responsable de una explotación minera de diamantes. Louise Peret, una periodista francesa free-lance que está en la zona para cubrir la emergencia. El padre Balthus, un sacerdote en crisis de fe y de negación de Dios cuya parroquia también está en la localidad damnificada. Por supuesto que nadie espere que ninguna de las tramas se cierre, el autor británico es especialista en generar inquietud simplemente haciéndonos partícipes temporales de las dificultades de sus personajes. Yo creo que ya me he acostumbrado a ello, incluso lo encuentro meritorio, aunque admito que al principio de leerle me resultaba incómodo. Y si por algo destaca esta novela es por la magnífica descripción de ese mundo en los albores del apocalipsis. La constantes referencias a la extraña luz solar que inunda la selva, que más que iluminar parece oscurecerla, el río como vertebrador de las comunicaciones y única via de escape, las oleadas de cristalización que en forma de tormenta acosan la zona, sus demoledores efectos sobre la vida,... Todo ello página tras página consigue transmitir una sensación opresiva y asfixiante, perfecta para los amantes del fin del mundo. El propio Sanders trata de dar una inefable visión cosmológica del proceso, pero lo cierto es que se mete en un berenjenal tremendo elucubrando sobre alteraciones del espacio-tiempo. Yo me he limitado a pasar de puntillas por encima de esta explicación del fenómeno porque, ¿quién la necesita cuando lo verdaderamente excitante es, precisamente, dejarse llevar por lo desconocido e incontrolable?

Para conocer otras opiniones de esta novela, os recomiendo en esta ocasión Generación Reader.

2 comentarios:

el convincente gon dijo...

Este me lo leí de adolescente pero no me gustó demasiado. Algo me dice que no estoy hecho para Ballard. Aunque con "Crash" quizás lo intentaría.

Cities: Moving dijo...

@el convincente gon: Uhm... Creo que sé a qué te refieres, Ballard tiene un punto que a mi tb. me ha costado coger, te deja con la sensación de que falta algo. La cosa es que yo he terminado aficionandome a esa especie de carencia y la considero característica de su obra. "Crash" tb. me lo he pillado en la nueva edición de RBA, será lectura fija en los próximos meses.

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