29 feb. 2012

La Pirámide - William Golding

Hace unos días me quejaba de que llevaba tiempo sin toparme con un libro de los que te llegan de verdad (en realidad mis palabras exactas fueron "que me quite el sentío"), pues bien, para suerte mia no ha tardado mucho en aparecer. La Pirámide de William Golding es una crítica brutal a las diferencia de clases sobre la que se ha construído la sociedad británica. Mucho más acusada en entornos rurales, que es en donde se desarrolla la trama, quizás sólo se puede ser consciente de la gravedad de la situación siendo británico, de hecho mi actitud al empezar a leerlo fue más bien indiferente, un poco qué pesados los anglos siempre con su rollo Arriba y Abajo. Sin embargo poco al poco el autor consigue que vayamos sintiendo la opresión que dicho modelo impone en el individuo. La narración se articula en tres bloques diferentes, en cada uno de los cuales el protagonista, Oliver, nos relata en primera persona tres momentos de su vida en su Stilbourne natal (por cierto, en referencia a los matices que se pierde el lector no originario de Albión: Stilbourne es homófono con el adjetivo stillborn, aplicado a los bebés que nacen muertos, que el nobel británico no da puntada sin hilo).

En la primera parte, en un año indeterminado pero antes del estallido de la II Guerra Mundial, le vemos como un joven de 18 años que ha terminado la secundaria y está a punto de iniciar sus estudios universitarios. Aburrido de la vida tan poco interesante que lleva en el pueblo y con la fogosidad e impetuosidad propia de la adolescencia, se inicia en el sexo con la joven Evie Babbacombe, una chica que se nos presenta como guapa, encantadora, simpática pero perteneciente a la clase social más baja de la ciudad y por tanto persona non grata. También en esta primera parte tomamos contacto con su familia, especialmente con su castrante madre, una señora de clase media-baja con ínfulas de codearse con las upper classes locales, que evidentemente la ningunean. En la segunda el joven Olie ya lleva un par de años en Oxford estudiando Física y Química. Durante unas vacaciones escolares un grupo de teatro local va a representar una obra musical. En dicho grupo se mezclan los diferentes estamentos de Stilbourne, lo que proporciona una oportunidad excelente para que la madre ascienda en su estatus a consta de la participación de su hijo, a quien enreda para que toque el violín en algunas escenas. En este relato aparece Evelyn de Tracy, un amanerado director contratado para montar la producción teatral, y que aparenta ser alguien que ha conseguido vivir bastante al margen de las asfixiantes restricciones sociales de la época. En el relato final, un Oliver adulto, casado y con dos hijos pequeños vuelve a su ciudad natal y en un flashback, nos cuenta su relación con Miss Dawlish, su antigua profesora de música recientemente fallecida. Miss Dawlish era una solterona adinerada de clase media-alta que tuvo una relación sentimental con un mecánico de automóviles casado y con dos niños, algo que obviamente es mal visto por todos y cada uno de los habitantes de la localidad, excepto quizás los dos implicados.

Con una cotidianeidad aplastante Golding nos muestra las miserias de Oliver, producto del clasismo en que ha nacido y que ha interiorizado con naturalidad. Sumiso, dócil, un cobarde incapaz de revelarse y de vivir como realmente quisiera. Se comporta despreciablemente con todos aquellos que le dan opción a deshacerse de los lastres que le mantienen atado a un mundo que en el fondo detesta. En el último relato, que transcurre a principios de los 1960s, le vemos como un individuo patético, un ciudadano aparentemente modélico que en toda su vida ha tenido el valor de cuestionar las injusticias que se cometen (que él mismo comete) contra quienes le rodean. Como contrapunto, los tres personajes secundarios de cada bloque, los únicos que han dado opción a Oliver a mostrar su verdadero ser, se transforman ante nuestros ojos en unos maravillosos antihéroes modernos. Evie Babbacome, la puta, utilizada como objeto sexual por todo aquel que ha tenido opción. Evelyn de Tracy, el maricón, recibe burlas después de poner de manfiesto la estrechez de miras de la sociedad local. Miss Dawlish, la loca del pueblo, cuyo pecado imperdonable ha sido intentar ser felíz por encima de convencionalismos. Los tres son arquetípicos apestados sociales válidos en todos los países. Seres marginales que a pesar de todo el bien que han hecho al protagonista, solo reciben su más arrogante desconsideración. Y sin embargo, en su aparente humillación, los tres son infinitamente más libres que él.

Una maravilla. Por lo menos quinientas quince veces mejor que El Señor de las Moscas y sin embargo sin referencias en la blogosfera en español. O yo no las he sabido encontrar, que también podría ser.

2 comentarios:

Palimp dijo...

Estaba desengañado con Golding, pero después de esta reseña me animo.

Cities: Moving dijo...

@Palimp: Yo no tenía referencia alguna de esta novela, pero ¡wow! Algunos días después de terminarla aún me emocionaba al recordar algunos pasajes concretos. En fin, todos sabemos que la literatura es algo muy personal, pero desde luego a mí este libro me ha parecido tremendo, tremendo...

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