27 abr. 2011

Solaris - Stanislaw Lem

Meses enteros llevaba este libro esperando en alguna estantería de casa. Meses y meses decidiendome por algún otro que también aguardaba desde hacía meses y meses. Y cuando por fin llegó su turno solo se me ocurre una forma de definir Solaris: maravilloso. Me resulta imposible ponerle objeción alguna a cualquier nivel. A pesar de que me ronda una extraña sensación de nostalgia en restrospectiva por no haberlo leído antes, no me queda más remedio que alegrarme por no haber tardado aún más, que todo es posible.

Esta obra maestra de Stanislaw Lem plasma sus ideas sobre la imposibilidad de comunicación entre la especie humana y otras posibles especies inteligentes no-humanas. El razonamiento que sigue es que la existencia de estas últimas puede concebirse de formas tales que el hombre no está capacitado ni siquiera para percibir o interpretar. Desde mi punto de vista personal se trata de una aproximación al universo infinito desde una perspectiva anti-antropocentrista altamente probable, algo que el autor polaco ha sabido expresar con gran habilidad. Hay un párrafo que me ha encantado y resume perfectamente esta visión, en principio no pensaba copiarlo por pereza pero como lo he encontrado ya en la blogosfera no he podido resistirme:

[...] Nos internamos en el cosmos preparados para todo, es decir para la soledad, la lucha, la fatiga y la muerte. Evitamos decirlo, por pudor, pero en algunos momentos pensamos muy bien de nosotros mismos. Y sin embargo, bien mirado, nuestro fervor es puro camelo. No queremos conquistar el cosmos, sólo queremos extender la Tierra hasta los lindes del cosmos. Para nosotros tal planeta es árido como el Sahara, tal otro glacial como el Polo Norte, un tercero lujurioso como la Amazonia. Somos humanitarios y caballerescos, no queremos someter a otras razas, queremos simplemente transmitirles nuestros valores y apoderarnos en cambio de un patrimonio ajeno. Nos consideramos los caballeros del Santo Contacto. Es otra mentira. No tenemos necesidad de otros mundos. Lo que necesitamos son espejos. Un solo mundo, nuestro mundo, nos basta, pero no nos gusta cómo es. Buscamos una imagen ideal de nuestro propio mundo; partimos en busca de un planeta, de una civilización superior a la nuestra, pero desarrollada de acuerdo con un prototipo: nuestro pasado primitivo. Por otra parte, hay en nosotros algo que rechazamos; nos defendemos contra eso, y sin embargo subsiste, pues no dejamos la Tierra en un estado de prístina inocencia, no es sólo una estatua del Hombre-Héroe la que parte en vuelo. Nos posamos aquí tal como somos en realidad, y cuando la página se vuelve y nos revela otra realidad, esa parte que preferimos pasar en silencio, ya no estamos de acuerdo.
El tono de toda la narración es terriblemente sombrío. Los fracasos contínuos tras más de un siglo intentando establecer contacto con el planeta-entidad Solaris impregnan el ambiente de derrotismo y frustración. Cientos de teorías, kilómetros de enciclopedias solaristas, hipótesis descartadas en el pasado que son retomadas lustros después pretenden interpretar al planeta-océano, aunque la única realidad es que aún ninguna explicación ha podido ser contrastada. Los tres investigadores sufren además la soledad y el aislamiento en la estación de observación, los ciclos solares alternos entre la estrella roja y la estrella azul que rigen la órbita del planeta-organismo consiguen transmitir la ansiedad de encontrarnos én un entorno desconocido a miles de millones de kilómetros de la Tierra.

Y por supuesto está el enigma de las recreaciones humanas generadas por Solaris tras explorar los traumas psicológicos de cada científico, ¿qué pretende Solaris con estos seres modelados en base a recuerdos? ¿Son un experimento, una forma de establecer contacto, un mecanismo de defensa? Solo llegamos a conocer de primera mano a Harey, la réplica de la antigua esposa de Kelvin, el psicólogo protagonista. Resulta imposible no empatizar con ella y sufrir la angustia que padece al tomar conciencia del porqué de su existencia. Sin embargo no llegamos a saber nada de las réplicas que atormentan a los otros dos habitantes de la estación orbital: Snaut y Sartorius. ¿Quiénes son? ¿Por qué se empeñan en mantenerlos ocultos a Kelvin? ¿Qué infierno ha generado Solaris para ellos?

Resumiendo, una inquietante novela llena de incontables e interesantísimos aspectos psicológicos, filosóficos y científicos, todo ello inmerso en una adictiva y misteriosa trama de ciencia ficción. A fecha de hoy encabeza sin duda mi top 10 del género.

En Bibliopolis hay una reseña fantástica por parte de un redactor que se ha quedado tan impresionado con esta lectura como yo mismo. Para variar, creo además que es la primera crítica que leo en esta web que no está repleta de mala baba condescendiente, lo que ya de por sí ya me parece un logro. En el Sitio de Ciencia-Ficción hay una crítica doble que también confirma la maestría del relato. Curiosamente el primer link que me ha devuelto Google cuando he hecho una búsqueda de comentarios sobre Solaris recoge una crítica negativa, la verdad es que es tan infame y está tan mal escrita que he preferido no enlazarla.

11 comentarios:

Oscar Pons dijo...

Como en tu caso, también tengo este libro pendiente desde hace mucho tiempo, pero siempre me entra pereza a la hora de empezarlo y me decido por otro. Ahora, después de leer tu reseña, creo que me animaré e intentaré leerlo próximamente.

AnthivS dijo...

OSCAR, empieza ya mismo, es una ciencia ficción distinta a cualquier otra, una obra maestra.

CITIES MOVING: gracias por visitar mi blog, espero que lo hagas a menudo y compartamos información interesante. Te recomiendo encarecidamente CITA CON RAMA de Arthur Clark. FABULOSO

Y viendo que te gusta PK DICK, lee si no lo has hecho ya LOS CLANES DE LA LUNA ALFANA, muy parecido a TIEMPO DE MARTE, que se que te gusta.

AH! Y si te gustan los comics, ha salido hace menos de 1 mes la adaptacion de BLADE RUNNER, pero no adaptacion de la peli sino de la novela! BUENISIMA!

Cities: Moving dijo...

@Oscar Pons: Espero que busques un hueco para leerla y desde luego, que te guste. Yo estoy tan emocionado con este autor que ya tengo el lista de espera otro libro suyo en volumen doble: Diarios de las Estrellas

@AnthivS: Gracias a tí igualmente por pasarte por aquí. He podido comprobar que hemos coincidido en un montón de lecturas de scifi, así que seguiré mirando tus recomendaciones.

Luis G. Prado dijo...

"Para variar, creo además que es la primera crítica que leo en esta web que no está repleta de mala baba condescendiente, lo que ya de por sí ya me parece un logro."

Como antiguo coordinador de Bibliópolis: Crítica en la Red, querría precisar que creo que confundes las reseñas que publicábamos con la sección Más Mediocre de lo que Créeis, de Alberto Cairo.

Por aquel entonces, hace una década, Alberto era conocido por su sección en la revista Gigamesh titulada El Camión de la Medianoche, que iba, efectivamente, sobre libros que eran basura.

Por eso, cuando se le ofreció colaborar en Bibliópolis, se trajo a su personaje faltón y sobrado, que dio un sesgo característico a su sección.

Hay que decir que esta estrategia funcionó admirablemente: muchos años después del cierre de la página, cada día, algún lector tropieza con un texto de Alberto... y le chirrían los dientes.

Hasta el punto, por ejemplo, de interpretar que el tono de su sección es el general de nuestras reseñas. Pero no es así.

Cities: Moving dijo...

@Luis G. Prado: Gracias por la aclaración, de todas formas me temo que no te puedo confirmar si las otras reseñas de Bibliópolis a las que hacía referencia en este post son de Alberto Cairo o no. En fin, lo mismo da, puede que despotricar sea una fórmula perfecta para atraer visitas, pero a mi me seguirá pareciendo reprobable y digna de poco mérito.

Luis G. Prado dijo...

Ahora caigo en que la reseña de Solaris que sí que te ha gustado también es de Alberto Cairo. Y por lo que cuentas, me parece que ya entiendo lo que ha pasado: con toda probabilidad querías decir "creo además que es la primera crítica que leo *de Alberto Cairo* que no está repleta de mala baba condescendiente", y a partir de ahí has hecho una generalización abusiva a toda la página. Aclarado, pues.

Cities: Moving dijo...

@Luis G. Prado: Tienes razón, porque me haya topado con 4 ó 5 críticas absurdamente denigrantes en Bibliópolis es un error inferir, como deja entrever mi comentario, que toda la web tiene ese tono. Entono el mea culpa por mi irresponsabilidad y agradezco de nuevo tu interés en poner los puntos sobre las íes. Un saludo.

Johannes Becher dijo...

La típica obra maestra inexcusable que luego la lees y bueeeno. Pssshh. Yo acabé de las estructuras protoplasmáticas y la madre que las parió hasta el moño. No llega al caso de otros escritores que no tienen nada que decir, pero podría haberlo conseguido en bastantes menos páginas y con bastante menos tedio.

Cities: Moving dijo...

@Johannes Becher: Tengo que admitir que yo tampoco le vi mucho sentido a tanto recrearse con esas extrañas estructuras fractales. De acuerdo en que el planeta Solaris nos resultará a los humanos totalmente incognoscible, pero con mencionar un par de veces estas excrecencias alucinatorias habría quedado claro. Aun así el libro me cautivó y me hizo acercarme al resto de la obra de Lem, donde hay también algunas sombras. Sin embargo Solaris lo sigo teniendo en mi top 3 de ciencia-ficción. Gracias por todos tus comentarios.

Francisco Guillermo dijo...

Estoy de acuerdo que le sobran unas cuantas páginas, también estoy de acuerdo de que es un muy buen libro, diferente en diversos aspectos a lo que me he topado en la CF, coincide a su vez que es la segunda ocasión que leo a Lem, siendo La Ciberiada el otro, en donde no me quedé con tan buen sabor de boca como en ésta ocasión.
P.D. Por qué murió Bibliópolis?
P.D. 2; La película de Solaris me pareció en su momento la cosa más aburrida del mundo.

Cities: Moving dijo...

@Francisco Guillermo: Vaya, pues yo tengo la versión de Solaris de Tarkovsky en el olimpo de las pelis scifi clásicas, junto con maravillas como 2001 de Kubrick o Naves silenciosas de Douglas Trumbull, por mencionar unas pocas.

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