10 ene. 2018

Rendición - Ray Loriga

En un futuro próximo que poco se aleja de nuestro presente, un país indeterminado lleva más de diez años manteniendo una guerra de la que no tenemos muchos detalles contra un enemigo del cual no sabemos gran cosa. El protagonista era un jornalero de orígenes humildes, pero por su dedicación y entrega llegó a convertirse en el capataz de la pequeña granja en que trabajaba. Tras la muerte del propietario se casó con su viuda, una mujer mucho más culta que él y de buena familia, aunque venida a menos en lo económico. Un día reciben la orden de evacuar la comarca para ser reubicados en una nueva y misteriosa ciudad transparente, donde ya han sido realojados la mayoría de sus compatriotas. El viaje no estará exento de dificultades y revelará muchas miserias humanas, pero la llegada a esta urbe increíble pondrá de manifiesto que su gobierno ha conseguido crear un entorno prácticamente ideal para la convivencia, con la seguridad, la salud, el trabajo y el bienestar garantizado para todos los ciudadanos. Sin embargo nuestro hombre no termina de estar convencido al 100%. Conociendo como conoce al ser humano, se planteará -no sin razón-, si será posible vivir así el resto de sus días.

Por lo visto Ray Loriga ha tenido la mala suerte de ser de ese tipo de escritores que no admiten medias tintas: o te gusta o lo detestas. Yo soy de los del primer grupo: Loriga me ha gustado desde que leí Tokyo ya no nos quiere allá en el lejano año 2000. A pesar de ser uno de sus fans incondicionales (al menos hasta el momento), puedo entender las críticas a su estilo. Admito que su escritura a veces es densa. También que los mensajes que transmite y la forma en que lo hace le dan un aire a redicho que a mucha gente le genera un rechazo visceral. No voy a decir que no es así, sin embargo yo he conectado muy bien con sus historias desde el primer momento tanto en la forma como en el fondo. Ahora bien, si pertenecéis al por lo visto numeroso grupo de lectores que lo detestan y vais descartar Rendición por razones tan banales como su pose de rock-star, que es seguidor del Real Madrid, que usa un nombre que no es el que consta en la partida bautismal, su malditismo pasado de moda o cualquiera de las críticas que se suelen hacer a su persona y que nada tienen que ver con su calidad literaria, siento deciros que os vais a perder una novela excelente.

Ray Loriga ha compuesto una distopía que destaca por sus angustiosas características kafkianas: los protagonistas son peleles de un Estado que oculta y manipula información. Les presenta bajo amenazas lo que supuestamente son soluciones a los problemas de esa sociedad y obliga a sus ciudadanos a sufrir un conflicto armado cuyas razones nunca han tedido claras y por el cual deben entregar a su hijos y perder todo lo que ha significado algo para ellos. Paralelismos con la realidad actual se pueden establecer todos los que queramos y más. La ciudad transparente donde todos nuestros actos están continuamente expuestos a la vista de todo el mundo, ¿qué es sino una alegoría de la exhibición voluntaria que hacemos de nuestra existencia en las redes sociales? Desde luego a mí no me puede parecer más acertada. Y cómo no, el rechazo a esa perfección y control orwelliano te significa inmediatamente como disidente, como elemento no deseable en ese nuevo orden. Nuevo orden magníficamene simbolizado en Julio, un crío que la pareja protagonista adopta como propio tras aparecer desorientado y herido frente a su casa, y que les acompañará en su viaje a la ciudad transparente.

En cuanto a la prosa, en esta ocasión el autor madrileño usa un lenguaje muy sencillo para adaptarse al registro que esperaríamos del protagonista/narrador en primera persona, que como bien nos recuerda en cada ocasión que se tercia, es una persona poco cultivada. Lo cual, por otro lado, no le resta capacidad para ver el porqué de las cosas, así que los análisis y conclusiones que compartirá con nosotros son tan acertados como las que podría extraer un erudito, aunque están expuestos bajo un hábil disfraz de simpleza que en mi opinión tiene mucho mérito. No voy a ocultar que el desarrollo también tiene sus imperfecciones: ciertos mensajes se repiten en exceso y la trama se resuelve en la página final, como si de una película de M. Night Shyamalan se tratara (aunque esto último más que un problema es cuestión de preferencias personales). Lo mismo me da, a mí no me ha molestado lo más mínimo porque la historia me ha encantado. La verdad es que no podía haber empezado mejor el año. Este libro va de cabeza a mis preferidos de cualquier género y época por derecho propio desde ya. Tenéis más reseñas en Libros y literatura, Críticas literarias Regina Irae y Un libro al día. Aviso que son no son tan entusiastas como la mía y que en muchos de los puntos negativos que señalan no andan desencaminados. Pero si me ha tocado ser incondicional de Loriga lo seré con todas sus consecuencias, entre las cuales está minimizar sus defectillos, ¡faltaría más!

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