14 dic. 2016

Muero por dentro - Robert Silverberg

David Selig nació con la capacidad de leer el pensamiento. Su habilidad ha hecho de él un desgraciado, un paria, un marginado, pues saber lo que la gente piensa no le ha servido más que para frustrarse, para deprimirse, para aislarse de sus congéneres, a quienes considera esencialmente mentirosos y falsos. Hijo único de una típica pareja judía neoyorquina, este don increíble moldeó su mal carácter desde pequeño, así que por indicación del terapeuta que le trataba, sus padres intentaron tener un hermanito, pero tras varios intentos que terminaron en aborto espontáneo (su madre ya rondaba los 40), sus progenitores adoptaron a una niña cuando él contaba unos 10 de edad. Por supuesto el nuevo miembro de la familia no sirvió de ninguna ayuda al protagonista. Su misantropía, su soledad, su abandono continuaron año tras año. Sólo con un par de chicas logró mantener relaciones de cierta entidad, pero las mismas se vieron adulteradas por su capacidad de conocer los pensamientos ajenos. Incluso tras dar por casualidad con otra persona dotada de sus mismas facultades psiónicas, nada mejoró, pues al contrario que él, este mutante se siente afortunado de poseer ese poder y ha logrado emplearlo para que su vida sea más fácil, aunque a David sus estrategias le parezcan faltas de escrúpulos y su amistad débil e interesada. Cuando conocemos al protagonista son mediados de los 1970s y malvive redactando trabajos de literatura para estudiantes universitarios mediocres. Su hermana intenta rehacer su relación con él, marcada por el odio mutuo desde siempre, y a David se le hace cada vez más difícil afrontar su existencia porque está perdiendo su extraordinaria habilidad a pasos agigantados, y aunque nunca le haya hecho feliz, esa es la única realidad que conoce.

En Muero por dentro, Robert Silverberg ha conseguido relatarnos una maravillosa historia de soledad y desesperación que en mi opinión, trasciende los límites de la ciencia-ficción. Evidentemente la mutación que afecta al protagonista es un tema recurrente en el género, sin embargo el autor se centra en los efectos que dicha habilidad pueden provocar en la personalidad del sujeto que la experimenta y en cómo afecta a sus relaciones con el resto de su entorno (familia, amigos, parejas, etc.), ignorando casi por completo cualquier aspecto relacionado con la posible causa de la misma. Por otro lado el conflicto que se desarrolla no puede ser más típicamente humano: la pérdida de sus asombrosos poderes, a los que considera culpables de todas sus desgracias, lejos de alegrarle, le hacen aún más infeliz porque va directo a una situación desconocida a la cual no le quedará más remedio que adaptarse. Virgencita, virgencita, que me quede como estoy. Silverberg ha creado un personaje que inspira pena, compasión, lástima y comprensión a partes iguales.

El protagonista nos relata su mundo en primera personal a base de flashbacks que nos van revelando poco a poco los motivos que le han llevado a quedarse encerrado en si mísmo, con muy poco contacto con sus semejantes y muchísimos recelos en sus relaciones interpersonales. La lectura es tremendamente ágil y entretenida, repleta de sutiles referencias socioculturales que nos permiten ver cómo envejece David sin que haya mejoras sustanciales en su patética vida: Eisenhower presidente de EEUU, los primeros vuelos suborbitales, el asesinato de Kennedy, la Guerra de Vietnam, el uso recreacional del LSD, Nixon, etc. Resumiendo, una historia maravillosa que cuesta creer que haya salido de la misma pluma que escribió dos novelas tan insustanciales y prescindibles como El hombre en el laberinto y A través de un billón de años. Si no conocéis nada de este autor, mi recomendación es que ignoréis estas dos últimas y empecéis por ésta. Tenéis más reseñas en Bibliópolis, Rescepto y La medicina de Tongoy.

3 comentarios:

Palimp dijo...

Es un libro que me encanta y, como bien dices, trasciende las fronteras de la ciencia ficción.

Nicholas Avedon dijo...

Uno de mis libros favoritos de todos los tiempos. Imprescindible!

el convincente gon dijo...

Creo que ya lo he comentado alguna vez. Yo me adentré en la ciencia ficción de la mano de David Pringle, un crítico británico autor de 'Ciencia ficción: las 100 mejores novelas'. Recuerdo que de 'Muero por dentro' decía que era una copia de 'Mientras agonizo', la novela de Faulkner, pero con telepatía. Así que nunca me planteé leerla. O al menos no sin haber leído antes la de Faulkner.

Y llegas tú y haces que me arrepienta. Ya te vale. Encima ahora está difícil de encontrar.

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