6 mar. 2016

Tú también eres un animal - Kepa Tamames

La tesis básica sobre la cual se fundamenta el movimiento por los derechos de los animales es una y muy simple: el sufrimiento es rechazable siempre, independientemente de la especie animal que lo padezca, y por tanto debe ser evitado bajo cualquier circunstancia. En resumen, el derecho que se reclama para los animales es el derecho a la integridad física y emocional. Con esta sencilla premisa presente en todo momento, el activista animalista Kepa Tamames recoge 116(1) argumentos empleados habitualmente por todos aquellos que justifican el uso de animales en interés del hombre y los rebate desde la lógica más rigurosa, dejando de lado cualquier enfoque emocional. Tú también eres un animal divide esas 116 ideas especistas en 5 grandes bloques: general (relacionados con la supremacía humana en sí misma), comida, entretenimiento, experimentación y otros, cuando no se pueden clasificar dentro de los 4 anteriores. Según nos confiesa, se ha ido encontrando sistemáticamente con las mismas ideas discriminatorias en todos los foros a que ha sido invitado, así que sabe muy bien de lo que habla.

El autor cumple con su objetivo con una precisión incuestionable y un buen ánimo envidiable. Convenientemente numerados, todos esos razonamientos mendaces que pretenden hacernos creer que podemos usar a los animales como si fueran objetos van cayendo uno a uno bajo la fuerza aplastante del análsis racional y objetivo de Kepa. Cada epígrafe hace referencia a todos aquellos otros apartados con  que se puede relacionar por plantear más o menos lo mismo, aunque con ligeras variaciones del enfoque. Se completa cada capítulo con un par de reflexiones de apoyo a la causa del bienestar animal realizadas bien por personajes populares (actores, cantantes, escritores, artistas, etc.), bien por reconocidos filósofos o activistas animalistas, cuyo contenido suele ser más coherente con el discurso del libro. Los primeros -salvo honrosas excepciones con Ouka Leele a la cabeza- se suelen centrar casi exclusivamente en las mascotas o en denuciar aberraciones como la tauromaquia, mientras que los segundos -Jane Goodall, Peter Singer o Tom Regan- muestran total alineación con la defensa de los derechos de todos los animales sintientes desde una óptica antiespecista y vegana. Mención especial merece en mi opinión, la colaboración a cargo de Sabino Méndez, más conocido por ser compositor y guitarra de Loquillo y los Trogloditas. Tras un sesudo rechazo a la tauromaquia desde una punto de vista que intenta ser conciliador y respetuoso con los aficionados, el Sr. Méndez cierra su supuesta aportación en apoyo a los animales mostrando su verdadero ego antropocentrista. Su intervención se resume en que la defensa de los animales es necesaria y digna de elogio, pero totalmente secundaria mientras existan seres humanos cuyos derechos e integridad sigan estando comprometidos. No logro entender por qué se ha incluido esta aportación en el libro(2), ya que refleja justamente una de las diatribas típicas esgrimidas contra el movimiento animalista. Más le valdría a este individuo reflexionar sobre su incoherencia tras leerse los epígrafres 4 y 5 del libro, donde se demuestran el error que supone el falso dilema planteado.

No voy a decir que un libro así no sea necesario, al contrario, el hecho de que se haya publicado es muestra de la progresiva preocupación de la población en general sobre el tratamiento que damos a los animales, y sin duda la concienciación y la educación son las armas que nos ayudarán a conseguir que las jaulas se vacíen para siempre. Lo que dudo es su posible utilidad fuera del ámbito de los simpatizantes y activistas del movimiento animalista. No me imagino yo a un cazador manchego de ésos que cuelgan a los galgos de un árbol cuando acaba la temporada encargando este libro por amazon y volviendose vegano después de leerlo. Pero seamos francos, tampoco hay que irse a un ejemplo tan extremo, por centrarme en mi entorno más próximo ni uno solo de los veintitantos compañeros de trabajo de mi departamento, voraces carnistas que todos los días desayunan, almuerzan, meriendan y cenan carne o productos derivados de la explotación animal, tiene el más mínimo interés en la defensa de los animales desde una perspectiva antiespecista. Estoy seguro de que no quieren que ningún desalmado ahorque a un galgo con alambre y lo deje morir entre estertores. Pero también de cuando en cuando organizan un fin de semana en una casa rural donde se acuerda la compra de un ternero que luego se zampan en un ambiente de lo más entrañable y divertido... entrañable y divertido para todos menos para el ternero, evidentemente. Así que ellos tampoco van a pillar el libro ni por Internet ni en su librería preferida. Como dice Jonathan Safran Foer, vegetariano convencido y simpatizante del movimiento animalista,
“Siempre se puede despertar a alguien que está dormido, pero ningún ruido del mundo, por fuerte que sea, despertará a alguien que finge dormir.”, del ensayo Comer animales
Vamos, que por más que queramos convencer a alguien de un comportamiento inaceptable éticamente (no digo ya en cuanto a nuestra relación con los animales, sino en general), si no tiene intención de corregirse, más nos vale dedicar nuestros esfuerzos a otra cosa. Esto no es más que lo que en psicología se viene denominando disonancia cognitiva: el cerebro humano está preparado para engañarnos a conveniencia si existe conflicto entre nuestras creencias/hábitos y la realidad que se nos presenta. Si el enfrentamiento entre ambos nos causa rechazo/inquietud/dolor, buscaremos de manera semiincosciente la vía de escape más fácil, que no es otra que una sarta de excusas baratas. Debido a ello, después de desgañitarme durante años intentado dar explicaciones sobre los motivos por que abracé el veganismo, yo personalmente ya he dejado de dar mi opinión sobre cualquier tema relacionado con mi decisión cuando se plantea cualquier cuestión relacionada con los derechos de los animales. Mi tolerancia con la estupidez humana es más limitada a cada año que pasa, pero como estoy obligado a vivir en sociedad (nunca tendré el valor de tirarme al monte a vivir en soledad tal y como hizo Henry David Thoreau), en cuanto alguien me viene con la cantinela habitual de "¿De dónde sacas las proteínas?" (explicado en el epígrafe 40), "Hay que comer de todo" (cubierto en el apartado 39) o "Las plantas también sufren" (todo un clásico que se desmonta en el capítulo 45), le pido amablemente, pero con toda la determinación del mundo, que dejemos ese tema en particular porque me abstengo de dar explicaciones. Conociéndome como me conozco, dudo mucho que pudiese mantener el tipo y la calma en un debate sobre derechos de los animales, así pues, mayor motivo para apoyar a activistas como Kepa Tamames por su entereza, su calma y la coherencia de su discurso a la hora de defender a nuestros compañeros terrícolas de otras especies. Tenéis más reseñas en Entre nómadas y La coctelhera; son más breves y menos amargadas que la mía, pero igual de entusiastas con la idea de la liberación animal.


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(1) He leído la edición de 2007 de Martínez Roca. La portada que ilustra el post corresponde a la edición revisada de 2011 publicada en Editorial Manuscritos, y creo haber leído en algún sitio que ha incrementado a 120 las falacias a desmontar.
(2) Espero que al menos su inclusión se haya cuestionado en la reedición revisada.

3 comentarios:

Molina De Tirso dijo...

Nunca me he parado mucho a pensar en ello. Hasta los últimos años, claro, ahora resulta inevitable.
Pero creo que tengo una sensibilidad innata hacia el asunto porque, aparte de no soportar las corridas de toros y otras prácticas "tradicionales" cuyo maltrato es más que obvio, nunca me han gustado las jaulas en las casas ni los circos ni los zoológicos.
Aunque entonces no habría sabido explicarlo, creo que siempre he visto dignidad en los animales y creo que ahí, justamente, es donde está la clave de todas las polémicas.

Cities: Moving dijo...

@Molina De Tirso: Pues de jaulas están llenas las granjas, lo que pasa es que usando el eufemismo 'estabulación' le quitamos la carga negativa y cualquier vínculo afectivo con el individuo confinado dentro durante toda su breve y miserable vida. Dicho así, estabulado, es simplemente una parte más de un proceso de producción.

Cities: Moving dijo...

@Molina De Tirso: En este vídeo The secrets of food marketing lo explican muy bien (en inglés, eso sí)

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