12 feb. 2015

La Juventud de Martin Birck - Hjalmar Söderberg

La Juventud de Martin Birck narra los primeros 30 años de vida de un joven sueco nacido en Estocolmo en una familia de funcionarios, característica esta última que curiosamente comparte con el propio autor. Se trata de la primera novela publicada por Hjalmar Söderberg, en 1901, y está dividida en tres partes: 'La antigua Calle', 'La Gorra blanca' y 'La Noche de Invierno', que abarcan respectivamente la infancia del protagonista, su vida como adulto joven tras finalizar el bachillerato y entrar en el mundo laboral también como funcionario del Estado, y finalmente una breve instantánea de Martin con 30 años cuando ya, de acuerdo a las costumbres sociales de principios del S.XX, se le podría considerar de lleno en la madurez.

A la trama le cuesta arrancar. La primera parte se centra en recuerdos infantiles y en evocar la inocencia propia de la edad. No voy a negar que consigue transmitir muy efectivamente la dosis justa de nostalgia para que no deje mal sabor de boca. Todas esas imágenes de los veranos pasados en el campo, los paisajes arbolados, las laderas cubiertas de hierba fresca y flores silvestres, juegos despreocupados que alternan con las primeras experiencias agridulces con el mundo adulto. Muy bonito, lo admito, pero no aportan mucha sustancia. Nos veremos sorprendidos entonces al pasar a la segunda sección porque el contraste es brutal. El joven Birck una vez finalizada la enseñanza secundaria quiere ser poeta. No pretende en cualquier caso ser una carga para sus padres, así que renuncia a una enseñanza superior -ya que por otro lado no cree que ninguna universidad pueda enseñar lo que necesita-, y empieza a trabajar como funcionario. Su aburrido empleo consistente en revisar y validar las operaciones registradas en libros de cuentas, pero en su tiempo libre escribe poemas y cuentos (algunos de los cuales consigue vender a diferentes periódicos) y reflexiona sobre los aspectos de la vida que le preocupan. Al igual que pasaba en Doctor Glas, las opiniones que el autor pone en boca de Martin son lúcidas, progresistas y necesariamente críticas con las ridículas convenciones sociales. Entre muchas cosas se permite desmontar las creencias religiosas con una objetividad implacable y censurar la pasividad e indiferencia general inherente al ser humano, más preocupado en seguir la norma que en cuestionarse la realidad para cambiarla si es preciso. El veinteañero Birck pasa esos años cavilando sobre su triste vida, frustradas sus ilusiones al poco de empezar. Reconoce la existencia de un problema, pero su apatía le impide encararlo. El tono de la narración es bastante desesperanzador, pues entre otras cosas el protagonista comprueba que su forma de entender el mundo le aleja tanto de su familia (su madre es una cristiana devota, con su padre apenas comparte más que la profesión), como de sus amigos del colegio, quienes tras finalizar sus carreras universitarias ya solo piensan en casarse y establecerse, tal y como se espera de ellos.

En la tercera parte Martin ya tiene 30 años y sigue soltero, siendo por tanto un elemento discordante en la sociedad. Se ha enamorado y mantiene una relación clandestina con una mujer de su misma edad, también soltera, melancólica e introspectiva como él mismo. Su amor no se puede normalizar ante la sociedad porque el matrimonio está fuera de sus posibilidades económicas. El miedo a un embarazo no deseado, la incertidumbre de su futuro común y la amenaza de una ruptura sobrevuelan constantemente a la pareja, impregnando los momentos de alegría de una pátina de desgracia insalvable. En esta última parte Birck nos revela su opinión sobre el papel de la mujer en la sociedad. No logra comprender por qué el pensamiento mayoritario anula su faceta sexual y la obliga a supeditarse al deseo de un marido, deseo que ni tan siquiera en esas condiciones ella misma está autorizada a disfrutar. Por tanto, nada más entrar en la treintena el ya no tan joven Martin ha asumido su derrota. Aunque se deje entrever que la madurez tiene mucho de aceptar situaciones insuperables, no por ello este fracaso está exento de amargura, ya que en el fondo su mayor vergüenza es no haber hecho nada por cambiarla.

Desde luego no me puedo quejar, en poco que llevamos del año ya me he topado con varios libros que me han hecho disfrutar de lo lindo. Espero que siga la racha. Tenéis más reseñas de esta maravilla en The sky was pink y Un libro al día. El análisis de los primeros me ha parecido muy agudo.

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