22 abr. 2014

Cambio de Bandera - Félix de Azúa

Cambio de Bandera no tiene nada que ver con las otras novelas de Félix de Azúa que había leído. De aquellas historias contemporáneas de corte nihilista (Diario de un Hombre humillado o Historia de un Idiota contada por él mismo) o que supuestamente pretendían explicar la transición española (Demasiadas Preguntas) pasamos a una novela bélica ambientada en plena Guerra Civil española. Y no en cualquier sitio, no, sino en la mismísima Euskadi, algo que evidentemente le va a dar mucho juego a poco que conozcamos el rechazo visceral del autor a los nacionalismos periféricos españoles(1), tanto al catalán como al vasco.

La trama nos presenta a una pareja de novios, por un lado Luís Larrazábal, perteneciente a la burguesía industrial vasca, militante del PNV ya tirando a maduro, diplomático del gobierno autónomo vasco en China; por otro, la joven Carmen, una veinteañera navarra de buena familia y de armas tomar. Cuando estalla el conflicto, Luís ha de volver a su tierra y es entonces cuando otro conflicto, esta vez interior, le empieza a destrozar por dentro: quedarse a vivir en España, sometido a quienes son ya virtuales ganadores, o bien huir a Francia para establecer un punto de resistencia a los fascistas desde alguna localidad del País Vasco francés. Si se queda contará con la ayuda de su íntimo amigo el abogado colaboracionista Aurerio Arrarás para obviar su pasado nacionalista; si se marcha, también será gracias al salvoconducto que aquél le proporcionará. Ganan sus ideales y huye al país vecino, donde comenzará una vida de exiliado repleta de dramas y aventuras extravagantes compartidas con elementos de lo más peculiar.

La verdad es que para mi sorpresa después del truño que supuso mi última incursión en su obra, estamos ante una historia muy original y bien desarrollada. Hay amor, intriga, acción, sabotage y quintacolumnistas; personajes inocentes, encantadores, adorables; también los hay que nadan a dos aguas e intentan mantenerse cuerdos entre tanta locura; finalmente otros despreciables, psicópatas, temibles. Azúa hace una descripción escrupulosa del contexto histórico en que transcurre la acción y me ha descubierto detalles estratégicos del enfrentamiento de lo más curioso. Por otro lado, no cuesta conectar con la prosa elegante con que está escrito, aunque admito que al principio y por contraste con mi anterior lectura me resultó algo forzada y más poética de lo que me apetecía. Lo que estropea la experiencia es que la historia esté impregnada hasta la saciedad de las ideas personales del autor. No hay facción implicada en la contienda que no reciba una buena dosis de mamporros literarios de Azúa y que quede claro que no se decanta por ninguna. Sublevados y republicanos; fascistas, comunistas, socialistas y anarquistas; burgueses y clase obrera; franceses, ingleses y alemanes; católicos y ateos; vascos, catalanes, andaluces, castellanos y murcianos, y por supuesto cualquier combinación de las clasificaciones indicadas anteriormente que se nos ocurra. Y es precisamente ahí donde está el problema en mi opinión personal. Es posible que la sociedad española sea histórica e intrínsecamente despreciable. Es posible que cualquier hijo de vecino, independientemente de su ideología, aproveche la menor oportunidad para desplegar todas sus habilidades y chupar de lo público para su enriquecimiento personal. Tal vez sea así, tal vez la corrupción haya pasado de ser un rasgo cultural a formar parte de nuestra memoria genética. Pero la cuestión es que por muy asesinos que resultasen ambos bandos, fueron los fascistas quienes se sublevaron contra un régimen establecido democráticamente, con miles de fallos, sí, pero elegido en libertad. Así que si hubo unos señores malos malísimos que quemaban iglesias y mataban curas fue porque otros, aún más perversos que éstos, decidieron un día que había que parar una República progresista y asesinar a todas las personas que luchaban por la igualdad, los avances sociales, el laicismo, etc. Todo esto por supuesto así, grosso modo, como concepto global y sin entrar en las particularidades de la situación española previa al alzamiento de 1936. Así que el mantra de 'todos eran malos' que inunda los capítulos no me vale. Ni de coña.

Resumiendo y para que no haya lugar a equívocos: a mi la novela me ha encantado, una aventura amarga muy bien contada y con cierto aire cinematográfico. Eso sí, no hay que hacer ni caso a la obsesión de Azúa por mostrar a todo el mundo igual de responsable en ese desastre que fue la Guerra Civil española. Es muy fácil ignorarle porque se le ve venir a kilómetros de distancia. El apartado de otras reseñas queda hoy desierto porque no he encontrado reseñas en la blogosfera.


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(1) Ver sus artículos en Jot Down magazine

3 comentarios:

Palimp dijo...

Acabo de escuchar una entrevista con el autor en el que comentan que fue pionero en la novela histórica...
Como dices la novela está bien, pero para mí fue el punto de inflexión en la lectura de ficción de Azúa, decidí que no tenía nada más que contarme y como bien comentas el sesgo ideológico me tira un poco p'atrás.
Sus ensayos sobre arte, sin embargo, me siguen gustando. Será porque en ese ámbito no me parece mal tener ideología.

Cities: Moving dijo...

@Palimp: Acabo de consultar su entrada en la Wikipedia y tiene bastante más ensayos publicados que narrativa. Estaré atento por si encuentro algún otro chollo suyo en alguna librería de 2a mano.

Palimp dijo...

Diccionario de las Artes la edición revisada.

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