8 mar 2021

Iluminada - Mary Karr

La infancia de Mary Karr no fue nada fácil. Su madre era alcohólica y bastante inestable psicológicamente -por no decir una desquiciada, que probablemente sea una definición mucho más acertada-. Hizo algunas barbaridades, cosas terribles, pero terribles de verdad, que dejaron a Mary y su hermana marcadas psicológicamente. Traumatizadas. Pero las dos siguieron con su vida. Iluminada son las memorias de la autora. El relato de su vida de adulta, más o menos desde el momento en que empieza la universidad. Como suele pasar en los casos de infancias tan desastrosas, Karr repite muchos de los errores de su madre, aunque con algunas variaciones. La muestra más evidente y más terrible es que ella misma se vuelve una alcohólica. A pesar del horror en que convierte su vida, la narración de la misma es uno de los libros más fascinantes que he leído en los últimos años.

Con una honestidad y un buen humor que ya lo quisiéramos para nosotros muchos con una biografía que en comparación es un camino de rosas, Karr despliega una prosa imparable y sencilla que explora su vida sin miramientos y sin ocultar nada más que los nombres de aquellos que no han autorizado su presencia en esas páginas. Se desnuda ante nosotros en una suerte de terapia/confesión de evidentes propiedades terapéuticas. También es un poco bruta a veces, algo que parece ser habitual en los nacidos en Texas. Pero si por algo se caracteriza este libro es por lo divertido que es. Ya sé que decir algo así después de haber mencionado traumas infantiles y alcoholismo resulta contradictorio. Pero lo cierto es que la escritora norteamericana logra enfocar y relatar con muchísima gracia una historia que es, a todas luces, atroz. Fracasos, inseguridades, miedos, frustraciones, autodestrucción, adicciones, muerte,... todo lo cuenta con un desparpajo y un salero tal que no te puedes quitar la sonrisa de los labios en ningún momento. Su inteligencia y buenas artes le permiten componer un texto desmadrado que te inunda de buenas sensaciones (asombro y admiración ante el despliegue de talento del que somos testigos, por ejemplo), por más que lo que cuenta son desgracias. Sé que resulta difícil de creer pero es así. Ya sea en un accidente de coche producto de la borrachera o ingresando voluntariamente un hospital psiquiátrico, Karr no solo consigue que el drama resulte cautivador, sino además divertidísimo. Y eso es algo que no se ve todos los días.

La única pega que puedo poner al libro está relacionada con la conversión al catolicismo de la autora una vez consigue encauzar su vida. Me ha parecido la parte más cargante de las memorias. Pero no porque sea más aburrida o menos creíble. En realidad encaja perfectamente en su historia personal y tiene la misma pasión e interés que el resto. El problema radica en que todo lo que nos cuenta acerca de esa religión está tan alejado de mi experiencia personal con la misma que me resulta inconcebible. De todas formas no quiero entrar en más detalles sobre lo que se desarrolla en las casi seiscientas páginas de este volumen. Sí debo decir que saben a poco, pero por suerte hay dos tomos más: su infancia se relata en El club de los mentirosos y su adolescencia en La flor. De haber sabido que estaba ante una escritora y unos libros tan maravillosos habría empezado por el primero. Pero aunque sea en orden inverso, tengo por seguro que los leeré más pronto que tarde.

5 mar 2021

Réquiem por un sueño - Hubert Selby Jr.

Harry Goldfarb y su amigo Tyrone C. Love están desvalijando a Sara, la madre del primero. Le están quitando la tele para llevarla a una casa de empeños y sacar uno dólares con los que pagarse una dosis de heroína. Estamos en Nueva York a mediados de los 1970s y la pareja de yonkis está cansada de ir al día para conseguir los picos. Así que planean trabajar hasta sacar la pasta suficiente para hacerse con una cierta cantidad de droga que les permita, a su vez, distribuirla. Harry ha tenido la idea al comprobar la pureza del material que circula por la ciudad. Así pues, podrán cortarla, reservar para meterse y hacer dinero para seguir traficando. Eso sí, su intención es permanecer en el negocio sólo hasta conseguir lo justo para poder montar un café para artistas. Mientras tanto, Sara va a recuperar la television. No es la primera vez que su hijo se la roba, pero poco rato después la vuelve a tener en casa gracias al buen corazón del dueño del casa de empeños. Ver la tele es su único entretenimiento desde que su marido murió y su hijo se marchó de casa. Así que imaginaos su alegría cuando recibe una llamada telefónica informándole de que ha sido preseleccionada para participar en un concurso. Su excitación es tal que decide ponerse a dieta para estar guapa y presentable el día que acuda al plató.

El comienzo de Réquiem por un sueño no puede ser más demoledor. La violencia, la despesperación y la brutalidad que desprenden las primeras páginas, con esa pobre mujer amezada por su propio hijo, es sin duda uno de los inicios más asoladores que he leído últimamente. Al igual que hiciera en Ultima salida para Brooklyn, Hubert Selby Jr. vuelve a componer una historia repleta de dolor, depravación y degradación. No es que sea un plato muy agradable pero genera una atracción morbosa que es muy difícil de resistir.

Los dos hilos argumentales a los que asistimos nos muestran los extremos a que puede llegar el ser humano en circunstancias difíciles: envilecimiento por un lado, desolación por el otro. Selby no nos ahorra ni un detalle escabroso en la descripción de pozo de inmundicia en que se zambullen los heroinómanos. Las fantasías megalómanas de control sobre la adicción, aniquiladas en pocos meses cuando pasan a deambular sin otro objetivo que pillar una dosis. Los miserables engaños y argucias con que irán alejándose del resto de chusma a quienes unas semanas antes consideraban amigos. La facilidad con que el mono relaja los principios morales para aceptar la prostitución como una vía válida para poder chutarse. Por otro lado tenemos a Sara, que abandonada y solitaria se entrega a ensueños vanidosos para acaparar la atención que nunca ha merecido. Su obsesión por adelgazar la llevarán a convertirse en una adicta a las anfetaminas, poniendo su salud física y mental en peligro. Y no olvidemos tampoco el escenario en que transcurre la acción: Fear City. Un Nueva York a mediados de los 1970s tomado por la delincuencia y la pobreza. Criminales, traficantes y drogadictos campando a sus anchas en una ciudad devastada y con barrios enteros derruídos. De todas formas no todo es horror en esta narración. Casi todo, sin duda, pero aun así el autor norteamericano tiene la habilidad y genialidad de darnos un respiro y regalarnos un poco de esperanza, bondad y amor. En ciertos momentos casi podemos saborear la ilusión de los protagonistas por vivir y salir del agujero en que se encuentran, por más que al final acaben cubiertos de toneladas de basura.

El estilo de Selby es muy próximo al hilo de conciencia. El narrador tiene un registro crudo y despiadado, en el que abunda la jerga propia de delincuentes y yonkis. Van enfocando a cada uno de los personajes y cediéndoles la palabra, ya sea para entrar en sus pensamientos o iniciar diálogos. Por cierto que no hay guiones ni puntos y aparte para separar a los participantes de los mismos. Sus frases se van encadenando una tras otra. Y resulta sorprendente lo fácilmente que te sincronizas con ellos, de tal forma que en todo momento sabemos quién tiene la voz de entre todos los personajes. Sin necesidad de que haya que mencionar sus nombres a cada poco.

En definitiva el autor norteamericano no da tregua. Ni a sus personajes ni a los lectores que se atreven con su libro. Y por si eso no fuera bastante, después de arrastrarnos a todos por la mierda más abyecta, no muestra ni un ápice de piedad y remata con uno de los finales más amargos que he leído nunca. Lo cual no es óbice para que reconocer que la novela es maravillosa y tremendamente adictiva. Y mira que me sabe mal emplear ese último adjetivo en esta ocasión..

2 mar 2021

Nevada - Claire Vaye Watkins

A través de una entrevista que le hizo Kiko Amat en El Periódico, me entero de que Claire Vaye Watkins empezó a escribir los relatos cortos que se incluyen en Nevada con veintidós años. Si lo llego a saber, no me acerco ni a cinco kilómetros. Ya me enfrentaba al libro cargado de prejuicios porque este volumen se publicó en 2012, cuando ella se acercaba a los treinta (nació en 1984). Pensaba que sin duda iba a ser otro hype más, como tantos y tantos nos venden los medios culturales. Otra autora joven que no nos debemos perder. Y poco importan los premios en EEUU, que los tiene. La mayoría de las veces eso no quiere decir nada. Total que preveía un bluf de la siguiente promesa menor de treinta que viene a romper el aburrido panorama literario con un volumen que ha cosechado elogios de autores consagrados bla, bla, bla. ¡A mí me la van a dar, ja! Pues nada de eso, otra gran pifia que acumular a mi largo historial. Por suerte para mí, no podía estar más equivocado. Porque los diez cuentos que incluye son diez piezas breves de realismo crudo que a pesar de insuflar un desánimo devastador en el lector, refleja a la perfección la realidad más oscura del sueño americano, ése que ni es feliz ni termina bien. Os dejo los títulos a continuación:

  • Fantasmas, cowboys
  • Lo que menos falta nos hace
  • Rondine al nido
  • Pasado perfecto, pasado continuo, pasado simple
  • Ojalá estuvieras aquí
  • Carabela portuguesa
  • La archivista
  • Las excavaciones
  • Virginia City
  • Graceland
La prosa de Watkins es impecable, certera y se reduce a lo esencial. Cero florituras, cero afectación, cero postureo narrativo. Las frases y palabras que elige son siempre necesarias y cruciales para la comprensión de la historia y no una simple exhibición de erudición y dominio de técnicas literarias, algo que por desgracia suele ser habitual en los escritores jóvenes y/o primerizos. ¡Y qué decir de los personajes! Una galería maravillosa que abarca todo el rango imaginable de gente abocada al fracaso, personas a quienes la vida les ha dado pocas o ninguna opción para alcanzar la felicidad. Casi no creen en sí mismas, mucho menos en los demás. Matrimonios jóvenes o mujeres solteras que de pronto se enfrentan a un bebé; relaciones paterno-filiales difíciles (un filón eterno para la buena literatura); ancianos que viven en soledad; adolescentes violadas por familiares; mineros en plena fiebre del oro sin expectativas de éxito en su empresa; prostitutas que se aprovechan de turistas jóvenes e ingenuos. Y además está ese otro personaje silente, pero severo, inclemente: Nevada. Casi todos los cuentos transcurren en diferentes localizaciones de dicho estado: el desierto de Black Rock, Las Vegas, Virginia City, Reno. Podríamos decir que sus características geomorfológicas o socioeconómicas moldean a los protagonistas.

Resumiendo, el libro es una auténtica maravilla y prueba palpable del gran talento de esta escritora. No voy a negar que he quedado impactado por la madurez que reflejan sus textos. No sé si tendrá algo que ver, pero quizás el hecho de ser hija de uno de los miembros de la Familia Manson puede haber influido en esa manera tan aguda y descarnada de ver la realidad. Un acontecimiento de ese calibre no puede dejarte indiferente una vez que lo procesas. Tiene que tener algún tipo de efecto. Y si esto es lo primero que ha escrito, ¿qué no nos puede deparar en el futuro?

27 feb 2021

Una boda en Brownsville - Isaac Bashevis Singer

Yo pensaba que 'Una boda en Brownsville' era una novela y resulta que no, que es una colección de relatos cortos. No es que esto sea un problema, Isaac Bashevis Singer está entre mis autores preferidos, por tanto siempre va a ser un placer leerlo, ya sea en formato corto o largo. Aunque sí es verdad que de haber sabido que eran cuentos igual no lo habría comprado. Hubiera sido tan fácil como ojear un poco el libro, pero ni se me ocurrió. Es de segunda mano y debí pagar dos euros por él, pero es que ahí sigue esperándome el volumen Cuentos de RBA, y ya he comprobado que seis de los relatos cortos que aparecen en el que me ocupa hoy están entre los 47 escogidos por el propio autor para dicho tomo (marco las coincidencias con un asterisco en la lista de más abajo). Con lo cual el día que por fin me decida a leerlo voy a experimentar algún que otro dejá-vù.

Los 16 cuentos están protagonizados por personajes vapuleados por la vida. Ya sea debido a la soledad, la vejez, la pobreza o saberse diferentes, no les queda otra opción que romper con los preceptos del judaísmo en mayor o menor medida. A veces defraudan a su comunidad, pero en otros títulos se burlan de ella o la engañan, con lo cual terminan siendo repudiados. Puede ocurrir también que vayan un paso más allá y se entreguen a la lujuria, o se dejen seducir por la vanidad, o los celos les hacen cometer actos terribles. En general hay un tono de frustración, tristeza y pena muy acusado en todos los textos. La religión es a la vez refugio, salvación y condena, aspectos que Singer planteó en muchas de sus obras. También nos dejó claro su compromiso con el vegetarianismo, así que no es de extrañar que en algunos vuelque su ideario en favor de los animales.

Otra característica común es la localización de las historias: salvo contadas excepciones, siempre transcurren en pueblos y aldeas cercanas a Lublin, Polonia, que es otra constante en su obra. Y por último hay una clara componente fantástica en muchos de los cuentos. Así nos encontramos con demonios, casos de reencarnación, personajes que mueren y van al otro mundo o una originalísima interpretación de la esfera de existencia de las almas.

Os dejo la lista de títulos a continuación. La verdad es que me ha parecido un volumen mucho más contundente y entrentenido que Un amigo de Kafka, del que tengo un recuerdo bastante insulso. Sin duda, mostrar el dolor y los desengaños asociados a la vida del hombre en la Tierra ha jugado claramente a su favor.

  • Taibele y su demonio (*)
  • Grande y pequeño
  • Sangre
  • Solo (*)
  • Esther Kreindel segunda
  • Jachid y Jechidah
  • Bajo el cuchillo
  • El ayuno
  • El último demonio (*)
  • Yentl, el muchacho de la yeshiva (*)
  • Tres historias
  • Zeidlus, el Papa (*)
  • Una boda en Brownsville
  • No deposito mi confianza en hombre alguno
  • Cunegunde
  • Viernes breve (*)

24 feb 2021

Submáquina - Esther García Llovet

Tiffani Figueroa fue policía y ejerció en la Brigada de Desaparecidos. Ahora es investigadora por su cuenta y no tiene los escrúpulos que se esperan de un miembro del cuerpo. Pero Tifa también fue una adolescente que coqueteaba con un compañero de instituto tres años mayor, de buena famila y no tan buenas costumbres. Y una niña que se quedó sola con su padre después de que su madre los abandonara para irse con otro hombre. Y es además una mujer madura que está celebrando el banquete de boda de su hijo de poco más de veinte años de edad. En realidad en Submáquina tenemos seis relatos cortos que de manera fragmentada y sin orden temporal, nos aproximan a Tifa en diferentes momentos de su vida. Esta visión parcial, segmentada y no lineal de la protagonista, no nos da información suficiente para componer una imagen completa y cohesionada de su vida. Pero no creo que ese fuera el objetivo de Esther García Llovet. Y si lo era, desde luego yo no he sido capaz de verlo. Anque el prólogo se abre informándonos de que «La propuesta narrativa de este libro es de un atrevimiento singular», así que creo que la cosa no va por ahí.

No todos los apartados que componen esta novela corta están protagonizados por Tifa. En un par de ellos, el narrador se centra en otras personas de su entorno, que son las que nos abrirán esa ventana a su vida. Lo que poco que llegamos a saber de ella con seguridad es que es huraña y desconfiada, pero también osada hasta la insensatez. Arriesga mucho, sin pensar. No mide sus acciones ni teme las consecuencias. Pero no suele salir malparada. Por otro lado, las localizaciones de los relatos son reconocibles pero desconocidas. Lugares cuyas descripciones evocan ciudades o zonas que nos son familiares (la costa española, el Caribe, México), pero que en realidad carecen de una geografía real. El inconsciente evoca segundas residencias de clases acomodadas, destinos turísticos para europeos o poblaciones fronterizas dominadas por la pobreza y la desesperación. Estos elementos, así como unos paisajes incoherentes (bosques, un desierto interminable, un bosque nevado esta vez), consiguen descolocar al lector y transmitir inquietud y desasosiego de manera muy eficaz. Por otro lado, sabiendo cuál es la profesión de la protagonista, no sorprenderá que nos topemos con tramas y componentes del género negro. Para empezar, los seis relatos/capítulos que incluye el tomo se titulan con partes de una pistola: 'Cargador', 'Resorte', 'Seguro', 'Recámara', 'Gatillo', 'Cañón'. El más largo de todos, 'Seguro', se compone como historia fronteriza de huída y venganza que deja un estupendo sabor de boca.

El libro no está nada mal, pero en mi opinión la fragmentación y las elipsis tan brutales de las que hace gala te dejan con ganas de más. De rellenar esos espacios con todo lo que nos queda por saber de Tifa. De encontrar un sentido global, que es una obsesión frustrante del ser humano. En cualquier caso lo he disfrutado mucho tal y como es, y tampoco hay que engañarse: en la vida real, esa totalidad se encuentra solo en algunas novelas. Todos aquellos que nos rodean tienen facetas desconocidas que nunca llegaremos a vislumbrar y que se desarrollan al margen nuestro.

21 feb 2021

Doctor Rat - William Kotzwinkle

El Doctor Rat es una rata de laboratorio que afectada por una suerte de Síndrome de Estocolmo, está del lado de los científicos que experimentan con ella, sus compañeras y el resto de animales que se encuentran confinados en un centro de investigación. Cínica y desalmada, se jacta de la importante labor que sus vidas desempeñan en el bienestar y progreso humano. Así que invita a todos los animales a aceptar su sino sin lamentaciones y a considerar que «la muerte es la libertad». Sin embargo, el resto de animales se niega en redondo a hacerlo, tanto es así que inician una revuelta. Una revuelta que viene provocada por un sentir animal colectivo de rebelión contra el yugo de los humanos. De esta manera, los animales domésticos y salvajes empezarán a reunirse y generar una conciencia única con la intención de convocar al hombre. Su objetivo es hacernos ver que todos tenemos derecho a disfrutar de la vida y este planeta, y que en ese sentido, no hay una especie superior a las demás.

Doctor Rat es una demoledora novela que desde el sarcasmo más doloroso, expone sin tapujos la vergonzante y despreciable actitud del ser humano hacia el resto de animales que habitan la Tierra. Como ya he adelantado en el primer párrafo, la acción se desarrolla en dos líneas argumentales. Por un lado se denuncia el trato cruel y abyecto que les damos. Esta parte se articula principalmente sobre el sadismo y la inutilidad de experimentar con ellos, pero también en las granjas industriales, los mataderos, los zoos o la caza de ballenas. Por otro, se intenta despertar la conciencia de la humanidad para que entienda que es necesaria una comunión con el resto de los animales que habitan este mundo. Por más esperanzador que resulte este hilo, William Kotzwinkle no tiene mucha fe en el ser humano y el final servirá para demostrar, una vez más, la brutalidad, violencia y egoísmo que nos caracteriza como especie.

Hay varios puntos polémicos en esta novela. El primero es la descarada proliferación de analogías entre el nazismo y el especismo. Así, el Doctor Rat habla de la solución final (formalaldehído al 5%), hornos que funcionan como cámaras de gas, el Zyclon-B, ratas homosexuales con identificativos rosa, etc. Y ya sabemos que hablar de holocausto animal no suele tener muy buena prensa, por más que las similitudes sean más que evidentes, hasta el punto que los mataderos de Chicago fueran el referente del nazismo para la industrialización del exterminio de judíos, gitanos y homosexuales. El segundo pasa por exponer las vergüenzas de la ciencia y ridiculizarla sin ningún tapujo. No en vano tortura y masacra a millones de animales al año para realizar experimentos de dudosa o nula validez, más allá de mantener un statu quo necesario para facilitar el progreso profesional de los científicos y la pervivencia de una serie de industrias vinculadas. Las descripciones de los tests que se llevan a cabo sobre los animales del laboratorio podrían parecer los desvaríos de un sádico con intenciones propagandísticas, pero por desgracia no es así. Kotzwinkle se limita a ficcionar (licencia artística lo llaman), sobre lo que Peter Singer recoge con rigurosidad académica en el capítulo 'Herramientas de investigación' de su ensayo Liberación animal. Y hoy día, cuando la ciencia va camino de convertirse en el nuevo dogma, cuestionar sus métodos, incluso aunque la crítica provenga del propio establisment científico, es algo que no resulta aceptable.

El libro es desolador. Muchas reseñas de la blogosfera destacan sus aspectos humorísticos, que a mí personalmente me ha costado encontrar. Solo bien pasada la mitad, cuando ya me había insensibilizado a las atrocidades descritas (y creedme, el autor norteamericano no nos da descanso), he podido apreciar la agudeza y mala baba de algunos sarcasmos, que son como un bofetazo al lector. Pero de ahí a reírme hay un tramo insalvable. Al menos el enfoque implacable de la novela no proporciona clavos a los que puedan agarrarse los medios culturales y blogs de reseñas: por una vez, no les ha quedado más narices que reconocer el incuestionable mensaje animalista. Otra cosa es que estén de acuerdo con él, pero vista la obsesión por ignorar el trasfondo de denuncia del especismo de tantas novelas, admitirlo ya supone un éxito.

18 feb 2021

El carruaje fantasma y otras historias sobrenaturales - Amelia B. Edwards

Hay siete relatos de terror en El carruaje fantasma y otras historias sobrenaturales. Siete relatos plagados de fantasmas, espectros, apariciones y espíritus del otro mundo. Todo ello muy del gusto decimonónico, que es de cuando datan. Aunque hay ligeras (ligerísimas) variaciones entre ellos, el modelo que sigue Amelia B. Edwards es el mismo en los siete: el narrador-protagonista escribe un relato en donde nos detalla un suceso sobrenatural que experimentó bastantes años atras, diez o veinte. Se define como una persona muy cabal y anclada en la realidad, sin embargo está muy seguro de los hechos inexplicables en que participó como uno de los actores principales y no tiene miedo a contarlos. Los títulos incluídos son:

  • El carruaje fantasma
  • Una noche en los confines de la Selva Negra
  • En el confesionario
  • Una misión peligrosa
  • El expreso de las cuatro y cuarto
  • La historia de Salomé
  • El Paso Nuevo
La narración va acumulando tensión página tras página hasta que en la última (me atrevo a decir que casi en el último párrafo), se nos revela, o más bien confirma, lo que veníamos esperando. Porque cuando en la frase anterior hablaba de "tensión", ha de trasladarse a los estándares y gustos del S. XIX. Así que al lector actual no le causará gran impacto saber que la bella dama que el narrador veía paseando por el cementerio era en realidad el espíritu de una difunta. O que su compañero de vagón murió hace un par de meses. O que el tipo tan espeluznante con quien se tropezó en la iglesia fue, en vida, un maníaco homicida. No quiere decir esto que los relato sean malos, ¡en absoluto! La ejecución es impecable, la ambientación muy sugerente y las historias son entretenidas y entrañables a la vez. A mí me han encantado y he pasado muy buen rato leyéndolo.

15 feb 2021

Bajo la piel - Michel Faber

Retomo hoy el formato que estrené hace un mes con Nefando de Mónica Ojeda. Como en aquella ocasión, se debe a las sensaciones que se me iban generando incontroladamente a medida que leía este libro y que para mi desgracia, se vieron materializadas en cuanto lo hube terminado y pude curiosear qué se decía al respecto por Internet. Empecemos pues.

I. La trama
Isserley es una mujer de aspecto muy, muy raro. Es bajita, de piernas cortas, brazos delgados y cubiertos de cicatrices. Da la impresión de tener algún problema de columna por sus extraños movimientos. Tiene el pelo muy mal cuidado, ocultando una cara que sin embargo resulta dulce y coqueta. Ahora bien, tiene unos pechos espectaculares que luce sin recato alguno mientras conduce por las carreteras de Escocia. Porque si su aspecto es extraño, más extraña es su afición a recoger autoestopistas. Y no cualquier autoestopista. No le interesan ni las mujeres ni los hombres delgados o de aspecto enquencle. Solo ofrece su vehículo a hombres de constitución fuerte, corpulentos, con aspecto de sanos. Cuando se decide a recoger a alguien así, inicia una conversación aparentemente intrascendente con la intención de recabar una serie de datos sobre su pasajero. ¿Tiene trabajo o está en paro? ¿Tiene pareja y/o hijos o está soltero y sin familia? ¿Qué va a hacer en la ciudad a la que se dirige? ¿Lo esperan allí? Los hombres intentan corresponder a la amabilidad de la mujer contestando a sus preguntas. Ella observa además si se están fijando en sus pechos. Si dedice que el autoestopista en un ser solitario sin vínculos con sus congéneres, pulsa una palanca del salpicadero y unas agujas ocultas en el asiento del copiloto le inyectan icpathua, un sedante muy potente. Una vez el acompañante está fuera de combate, Isserley pone rumbo a la granja donde vive y una vez allí, entrega a la víctima a sus compañeros, que lo procesarán para obtener su carne.

II. La premonición
Que nadie piense que he destripado el argumento. Los cuatro primeros capítulos se limitan a repetir la dinámica de los secuestros que lleva a cabo la protagonista con apenas algunas variaciones menores. Pero el hecho de que los autoestopistas son tratados como animales de granja se deja entrever bien pronto, en el capítulo dos. No se trata en absoluto de una revelación final de tintes dramáticos ni catastrofistas. Bajo la piel es una fábula de ciencia-ficción que pone de manifiesto las perversas contradicciones de la sociedad humana. Son muchos los aspectos que reciben un buen repaso. Capitalismo, consumismo, agotamiento de recursos, brecha social y económica, machismo, discriminación. Eso es innegable, desde luego. Pero también es innegable que todas ellas se articulan sobre la explotación de los animales de granja, cuya carne empleamos para alimentarnos, así como del trato infame, cruel, y despiadado a que los sometemos. Michel Faber recurre a una especie extraterrestre que, afincada secretamente en nuestro planena, hace con los humanos exactamente lo mismo que los humanos hacemos con los animales de granja. Esclavizarlos, mutilarlos, aislarlos, cebarlos, matarlos y transformarlos en un objeto de consumo disociado de la realidad de que procede. Todo ello para satisfacer un placer que curiosamente, también resulta perjudicial para ellos en tanto en cuanto afecta a su salud. No sé si el autor de origen holandés simpatizará con el veganismo, pero de lo que no cabe duda es de que estamos ante una obra de ficción que solo se puede entender como una herramienta de denuncia. De denuncia de muchas cosas, sí, pero principalmente de la injusticia que supone la ganadería industrial y el consumo de carne. Y quienes no somos nuevos en el activismo pro derechos de los animales sabemos que este enfoque no es muy bien recibido por el público general. Para comprobar si tenía razón o estaba equivocado, nada más terminar de leerlo exploré un poco Internet. Pero sobre eso hablaré un poco más adelante.

III. La obra
Desde el punto de vista narrativo la novela es bastante simple. El desarrollo es bastante lineal, con solo algunos flashbacks para mostrarnos cuál era la realidad de Isserley en su planeta de origen. Como ya he comentado algo más arriba, en mi opinión no habría sido necesario relatar tantos secuestros, pero tampoco resultan pesados. Los mensajes y los paralelismos que Faber establece son muy claros y no dejan lugar a interpretaciones rebuscadas. Se critica el antropocentrismo o el capitalismo y sus vergüenzas sin más que mostrarnos una sociedad extraterrestre que ha diezmado su propio planeta y arruinado la vida en él. Existe una sociedad de clases que replica la nuestra, exagerando las diferencias y la brecha entre élites y lumpen. Tanto es así que para escapar a su miserable destino como esclava en las profundidades de su planeta, Isserley ha aceptado una cirugía que la ha mutilado para parecerse a una mujer, y así poder emigrar al planeta Tierra. Resumiendo, los mensajes no pueden ser más obvios, más innegables. Pero precisamente esa es una de las características más interesantes de la ciencia-ficción especulativa, que es capaz de mostrarnos lo que somos jugando con elementos que están más allá de la realidad física que conocemos del universo.

IV. Las reseñas
En La política sexual de la carne, Carol J. Adams nos advertía de las estrategias que usa el sistema para debilitar los argumentos que justifican la existencia del movimiento animalista. Una de las más elaboradas consiste en ocultar el corpus literario que difunde sus ideas. La blogosfera y los medios culturales me han dado casos más que suficientes que corroboran dicha afirmación(1), así pues y por desgracia, no me ha sorprendido ni un ápice haberme encontrado con lo mismo al buscar otras opiniones sobre la que me ocupa hoy. La reseña que hiceran en El País allá por 2002 solo habla de 'exclusión', 'diferencia', 'jerarquías' y 'capitalismo'. En Papel en blanco, Entre montones de libros y Literatura en los talones no aportan gran cosa en ningún sentido, supuestamente con la noble intención de no destripar la trama. En Los tipos duros también leen se menciona 'consumo', 'explotación de los recursos', 'vida', 'soledad', 'búsqueda de la identidad'. Ninguna mención a las granjas industriales, donde los animales no ven la luz hasta el momento del transporte al matadero. Sólo en Por un puñado de libros se indica a las claras el mensaje animalista del libro. Y también en C, el hijo de Cyberdark, aunque requiere un análisis extra por lo perversa que resulta. En ella se indica que las analogías que se quieren establecer al hablar de derechos de los animales o la crueldad con que los tratamos son, nada más y nada menos que pueriles. En base a qué argumentos se demuestran que son pueriles no lo llegamos a saber, pero supongo que al reseñista no le ha parecido necesario justificarlo con argumentos lógicos, sino que con sus prejuicios debe bastarnos. Ojo, aun así han tenido la honradez de reconocerlas y mencionarlas. De visibilizarlas. Algo que como he podido comprobar casi nadie se ha atrevido a hacer. Pero despachar la que a todas luces es la cuestión principal de la novela con esa condescendencia no habla demasiado bien de la perspicacia del articulista.  

Curisamente, el malogrado Mark Fisher analizaba la película Under the skin (Jonathan Glazer, 2013) en su ensayo Lo raro y lo espeluznante. En realidad la novela de Faber se emplea como una mera inspiración para el guión del filme. Comparten ciertos elementos clave (el secuestro de autoestopistas por las carreteras de Escocia, una protagonista extraterrestre que se enfrenta a un cuerpo que no reconoce como suyo), pero el mensaje tan frontal y directo del libro se pierde. En su lugar, el director recurre a imágenes inquietantes, elipsis brutales y una abrumadora escasez de diálogos para crear una película espeluznante cuyo significado el espectador deberá deducir. Pero lo que me interesa ahora mismo es el resumen que Fisher hace de la novela en su ensayo. Lo que otros blogs y medios ignoran, descartan o ningunean (no sé si por incompetencia, malicia o disonancia cognitiva), para él se revela como la esencia de la misma, así que lo indica sin ambages:
«Al poco podemos reconocerla como una sátira de ciencia ficción sobre el consumo de carne y la industria cárnica; así, se exponen y se ridiculizan las incongruencias de la ética carnívora humana cuando los humanos se convierten en presa de comerciantes alienígenas de carne.»
V. Corolario
La novela fue publicada en el año 2000. Por aquel entonces el veganismo y el movimiento animalista eran muchísimo más minoritarios que ahora. No es que haya habido muchos avances para los animales en estos 21 años, pero al menos el mensaje se está difundiendo, y el hecho de que existan alternativas a la carne de origen vegetal es una clara señal del progeso de estas ideas. Sin embargo Faber sabía muy bien lo que hacía y empleó las estrategias cognitivas y lógicas de uso habitual cuando se trata de polemizar sobre carne, animales y mataderos. Para empezar, los extraterrestres se refieren a sí mismos como seres humanos y al homo sapiens lo consideran un animal inferior al que denominan vodsel. Pues bien, hay un personaje que defiende a los vodsels y denuncia la crueldad del trato que reciben, además de señalar los riesgos que implica el consumo de su carne al no estar adaptada a su fisiología. Ante estas denuncias, Isserley reflexiona:
«[...] en realidad, los vodsels no sabían hacer ninguna de las cosas que definían realmente a un ser humano. No sabían siuwilar, no sabían mesnistilar, no poseían el concepto de slan. Estaban en un estadio tan primitivo, que no habían alcanzado el desarrollo necesario para usar utilizar el hunsur. Sus comunidades eran tan rudimentarias, que no existían los hississins y parecía que aquellas criaturas no veían la necesidad del chail ni siquiera la del chailsin.»
Pues bien, en 2011 Frédéric Beigbeder escribía en Le Figaro un artículo que tituló 16 raisons de manger les animaux, que ya traje a colación cuando reseñé Comer animales de Jonathan Safron Foer. El texto del francés viene a ser un calco de la cita sin más que cambiar algunos verbos y sustantivos para que encajen en conceptos antropocentristas. No se trata de burlarse de Beigbeder, aunque parece que es lo que está buscando. La intención al referirme a él otra vez es destacar que existen escritores tan lúcidos como Faber.




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(1) Ver Siete cuentos morales de J. M. Coetzee o La vegetariana de Han Kang
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