21 dic. 2015

Leviatán - Paul Auster

Vuelvo a acertar de lleno al elegir una de las novelas de Paul Auster que tenía pendientes. Pero no adelantemos acontecimientos, primero veamos de qué va Leviatán. Como suelo hacer a veces y dado que no voy a poder mejorarlo, hoy recurro a Anagrama y a su resumen editorial para exponer brevemente la trama:
Todo comienza con un muerto anónimo: en una carretera de Wisconsin, un día de 1990, a un hombre le estalla una bomba en la mano y vuela en mil pedazos. Pero alguien sabe quién era, y con el FBI pisándole los talones, Peter Aaron decide contar su historia, dar su versión de los hechos y del personaje, antes de que la historia y las mitologías oficiales establezcan para siempre sus falsedades o verdades a medias como la verdad. Y así, Peter Aaron escribirá Leviatán, la biografía de Benjamin Sachs, el muerto, también escritor y objetor de conciencia encarcelado durante la guerra de Vietnam, desaparecido desde 1986, autor de una novela de juventud que le convirtió fugazmente en un escritor de culto, acaso un asesino, y angustiado agonista de un dilema contemporáneo: ¿Literatura o compromiso político? ¿Realidad o ficción?
Esta novela me ha parecido simple y llanamente, redonda. Para empezar la historia es absorbente, imposible no engancharse desde el primer momento a una trama que comienza con la muerte de un escritor metido a terrorista. ¿Qué ha podido llevarle a acometer ese giro extremo en su vida? Por otro lado los personajes, sus relaciones y la evolución de los vínculos que los conectan a lo largo de los años se describen con un realismo y una autenticidad incuestionable. En ese sentido resultan demoledoras las miserias, las pequeñas miserias que el autor les asigna de cuando en cuando a cada uno de ellos. Estos episodios de celos irracionales, de traiciones innecesarias, de secretos parcialmente revelados o de dudas producto de la propia inseguridad dotan a las personalidades de los protagonistas de una credibilidad aplastante, haciendo imposible que no nos identifiquemos con ellos, no tanto por la forma como por el fondo. ¿Quién no ha edulcorado una mentira para minimizar los efectos que provoca? ¿Quién no ha recreado un suceso banal añadiendo un poco de fantasía de cosecha propia para vanagloriarse? ¿Quién no ha adaptado el relato de unos hechos al interlocutor, de manera que para uno de ellos se presente en tonos claros y para un segundo en oscuros, hasta el punto de que ambos relatos lleguen a ser contradictorios? Por otro lado la deriva de la trama a medida que transcurren los años contiene las intervenciones justa del azar (llamémosle destino, si es que así nos vamos a sentir más cómodos), como para que el relato mantenga las expectativas durante toda su duración. Y qué decir del estilo de Auster, transmite ideas de gran complejidad y octanaje mediante frases muy elaboradas pero sencillas y simples de entender. Además el vocabulario es totalmente accesible y certero sin tener que recurrir a una exhibición gratuita de términos cultos (que ya podía aprender Vargas-Llosa, ya). En este aspecto imagino que habrá parte que agradecer al trabajo de traducción, que desde luego es impecable. Lo sumas todo y la lectura se convierte en un placer, que al fin y al cabo es lo que siempre debería ser, aunque desgraciadamente pocas veces se encuentra.

No tengo mucho más que decir, se vuelve a demostrar que cuanto más me gusta un libro, más breves son mis reseñas. Dedico mi esfuerto entonces a lo mejor que se puede hacer en estos casos: recomendarlo encarecidamente. Y si necesitáis más reseñas para convenceros, os adelanto que en general la opinión sobre esta novela es muy positiva. Por mencionar algunos blogs, echad un vistazo a En clave de ocio, Perdida entre libros y Un libro al día.

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