24 sept. 2011

Lovetown - Michal Witkowski

Los extraños y poco explorados caminos de la sinestesia me hacen percibir Lovetown como un cuadro de expresionismo abstracto. Al igual que en este movimiento pictórico, hay mucho color en las historias de ligue homosexual en la Polonia comunista de los 1970s y 1980s, de las que Michał Witkowski nos hace partícipe. El nihilismo más puro, el goce irreflexivo e inmediato aquí, ahora y en todo momento parece guiar la vida de las maricas "históricas" que protagonizan el libro, aquellas que se iniciaron en el sexo ya fuera con los soldados soviéticos destinados a cuarteles polacos durante esas décadas, ya en peligrosos parques y urinarios públicos.
[...] se nota lo poco que la gente necesita para vivir cuando la esencia de sus vidas está en otra parte, cuando su casa la necesitan para hacer tiempo antes de una nueva caza nocturna
El autor, que tuvo sus primeras experiencias homosexuales cuando aún era un adolescente a finales de los 1980s, se posiciona incondicionalmente del lado de la marginalidad nostálgica que estos desviados/travestis/chaperos representan, en oposición a la normalización y corrección que busca el nuevo colectivo gay polaco siguiendo la norma de sus equivalentes occidentales. Paradójicamente éstos últimos, una masa militante de estética e ideas globalizadas, rechazan de plano a sus predecesores pues entienden que sus actitudes y poses irreverentes ensombran la imagen que la sociedad tiene de los homosexuales. El libro es vitalista y alegre, sí, pero hay también mucho caos y mucha autodestrucción subyacente. Hay, como en los cuadros de Pollock, un trasfondo oscuro e inquietante, donde el miedo, la frustración, la lucha por la supervivencia y la desesperanza de la exclusión campan a sus anchas.
Cuánto me gustaría que un día un tío me viese en la calle y que se quedase flipado conmigo. Simplemente. Que se enamorase sin más. Decidme, ¿acaso le haría daño a alguien? [...] Y también que no me robase... Porque cuando os escucho, casi acabo convencida de que si alguien muestra interés por mi [...] está claro que no es por amor, sino que debe de ser un ladrón o un asesino...
Salvo algunas excepciones algo más desarrolladas, la novela se compone de historias cortas de poca extensión, dos-tres páginas de media. El lenguaje empleado es vulgar, crudo, directo, como los aguerridos protagonistas de cada mini-relato o como los brochazos bruscos que caracterizan la obra de de Kooning, Kline o el ya mencionado Pollock. Se adapta no obstante a cada temática en particular: cuando hay que contar aventuras sexuales se emplea el ingenio pero con toques arrabaleros; al describir a "las históricas" se hace con el desparpajo y mala uva de un travesti. Así pues las diferentes situaciones y descripciones de personajes provocan la risa (cuando no directamente la carcajada) por inverosímiles y disparatadas. Pero si hay que relatar ataques homófobos no se hacen concesiones y se exponen en toda su infamia.

En resumen una lectura muy interesante que tiene el mérito añadido de haber sido la primera en tratar abiertamente (¡y hasta qué punto!) la temática homosexual en la muy conservadora y católica Polonia. No he encontrado muchas reseñas de esta novela en la blogosfera, todo lo más una muy breve en Plomes i lluentons (en catalán). Esta vez me atrevo a sugerir los comentarios sobre la misma de The Guardian y The Independent, evidentemente en inglés.

1 comentarios:

Bea Mendes dijo...

Desde que leí "El leñador", el autor me ha parecido indispensable. Una pena que solo haya escrito, por el momento, dos obras. Esta que mencionas toca un tema que nunca había leído en un libro. Veo que tiene los mismo ingredientes que su última novela: mucho humor negro. "Lovetown" ya estaba en mi lista. Caerá cuando caiga, y esperó que sea pronto.

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