Ya desde pequeño, Karl Glogauer se desmarcó como el típico niño raro. Criado por una madre neurótica y manipuladora, que no llegó a explicarle con claridad qué pasó con su padre ausente, ha heredado de ella una manera retorcida y difícil de relacionarse con las personas, que se hace más patente con las mujeres. Apasionado por las ideas de Jung y el esoterismo, termina en un grupo con sus mismos intereses en el cual conoce a Sir James Headington, un físico procedente de la clase alta británica a quien sus pares han condenado al ostracismo por sus ideas poco convencionales. Resulta que Sir James ha inventado una máquina para viajar en el tiempo y le propone a Glogauer que sea el primer pasajero humano. Él acepta a condición de que le deje elegir su destino, que no será otro que Oriente Medio en el año 29 de nuestra era.
Viajes en el tiempo con paradojas y arquetipos. Todo ello condimentado con una estructura narrativa muy dinámica y temáticas secundarias propias de la New Wave. Todo eso tenemos en He aquí el hombre. La resolución de la historia se ve venir desde el momento en que al protagonista lo encuentran unos esenios capitaneados por Juan Bautista en algún lugar del desierto a medio camino entre Jerusalén y Belén. Pero no por previsible la historia deja de ser original y adictiva, además de estar muy bien planteada. Michael Moorcock es uno de esos autores británicos que se vinculan a la New Wave en todas las listas y artículos relacionados con ese movimiento de la ciencia-ficción que tanto me gusta. Para ser mi primer contacto con su obra no he podido tener más suerte. Aunque también tengo que aclarar que curioseé bastante por Internet antes de decidirme por una de sus novelas, porque tiene muchas que entran de lleno en el campo de la fantasía y yo ahí a priori no estoy muy a gusto.
La narración tiene dos cursos diferentes, uno que transcurre en la Judea bajo la dominación del Imperio Romano y el otro, el contemporáneo (principos de los 1950s-1970), que nos muestra la vida de Glogauer hasta llegar al momento en que decide comprobar si Jesucristo existió de verdad o es solo una idea. El hilo en el pasado es lineal pero el del presente es fragmentado, con unas elipsis temporales abrumadoras que saltan a los momentos más reveladores de la vida del protagonista, y nos muestran las carencias emocionales que conducen a su decisión. Pero los elementos propios de la New Wave no solo los encontramos en la forma: el transfondo filosófico y religioso de la búsqueda del protagonista, o la presencia normalizadora del sexo y las relaciones sexuales (incluidas las homosexuales), forman parte sin duda alguna de las preocupaciones habituales de ese subgénero. Uno de los mayores logros de Moorcock es conseguir que la tensión vaya in crescendo. Las pistas sobre el destino que aguarda a Glagauer en Judea van cayendo poco a poco, creando un ambiente cada vez más sobrecogedor y trágico. Por más que el final sea fácil de prever, he disfrutado mucho la lectura. Siendo justos no todo es llegar, gran parte de la diversión, si no toda, está en el camino a recorrer.
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