
A pesar del rechazo manifiesto en las capas más superficiales de mi mente ortogonal y cartesiana, no me ha costado gran esfuerzo continuar, ya que la agudeza e ingenio del autor -unas veces en forma de contundentes análisis de la realidad, otras con un humor extremadamente refinado-, daban a entender que había un significado en ese caos. Y la intuición no me ha fallado, porque todo el desbarajuste, todo el descontrol, todos los episodios supuestamente inconexos que se narran, todas las historias vagamente relacionadas que componen la segunda novela de Vonnegut, todo encaja perfectamente al llegar al final del libro. Como con las películas de Amenábar pero bien hecho, porque no se trata una conclusión metida con calzador en los últimos cinco minutos. Al contrario, es fantástico ver las piezas ensamblarse perfectamente y poco a poco a medida que te acercas a la última página.
Así que si os lanzáis a leer Las Sirenas de Titán, no desesperéis. Para averiguar qué puñetas está tramando el protagonista tendréis que llegar docilmente al último capítulo, ahí comprobaréis que el relato está perfectamente planeado y que nada, absolutamente nada, es producto del azar.
En Cyberdark y El sitio de Ciencia-Ficción hay sendas críticas muy en la línea de mi parecer. En el Blog de Luis Bermer hay una reseña bastante reciente que la verdad, me hace dudar de que estemos hablando del mismo libro. Así son las cosas, para gustos, los colores.
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