
Barry Lyndon me ha demostrado que los prejuicios son malos, también cuando se trata de literatura. Hay literatura buena y literatura no tan buena, o directamente mala. Así que eso de "no me va nada la novela histórica" que siempre repito cuando alguien me pregunta sobre mis gustos en la lectura es una soberana estupidez. Esta obra de Thackeray es símplemente muy buena. Y entretenida, satírica y muy instructiva, porque uno puede divertirse y enterarse de paso cómo transcurría la vida en la Europa del siglo XVIII.
El personaje protagonista, Redmond Barry, es un vividor, un buscavidas, un trepa salido del arroyo con unos aires de grandeza desproporcionados, una autoestima hipertrofiada y una desfachatez tal que consigue medrar entre la nobleza a base de embustes, tretas, fullerías y engaños de mayor o menor consideración. El hombre no se desanima fácilmente, ¡qué va! Persevera en su empeño hasta conseguir lo que desea para, acto seguido, perderlo debido a su inconsciencia e impetuosidad. Y vuelta a empezar. Vamos, que la sonrisa no desaparece de tu cara mientras va relantando sus andanzas por las cortes europeas. Bajo mi punto de vista merece la pena destacar los pasajes en que este pobre diablo nos comenta con mucho orgullo (y muy pocas luces) cómo era visto por la nobleza, a quien él erróneamente consideraba sus iguales. En esos párrafos, Thackeray despliega un estilo y unos recursos literarios increíbles, de tal forma que al contraponer la ironía y el sarcasmo de la aristocracia con la inocencia e ingenuidad del protagonista, no queda más remedio que mondarse de risa.
En Hislibris (Libros de historia, libros con historia) hacen una muy buena reseña de esta novela. Yo he leído una edición de Mondadori muy completa, es una nueva traducción y está repleta de aclaraciones sobre trozos mutilados en otras tiradas, comentarios incluídos en la edición original por entregas, etc.
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