7 sept. 2017

La juguetería mágica - Angela Carter

Melanie es la mayor de tres hermanos que han tenido una vida llena de cariño y amor y con todas las comodidades, pero que pierden a sus padres en un accidente de avión cuando ella acaba de hacerse mujer a sus 15 años. Así que huérfanos y devastados por la tragedia, no les queda más remedio que mudarse con el hermano de su madre, el tío Philip Flower, con quien apenas mantenían contacto por estas cosas que pasan en las familias que las relaciones se tuercen y se rompen. De un precioso cottage en la campiña inglesa se trasladan a una oscura y fría vivienda en el sur de Londres, donde su tío tiene la tienda de juguetes tradicionales que fabrica él mismo en el sótano. El tío Philip es un individuo huraño, malhumorado, muy corpulento, de aspecto intimidatorio y pulsiones violentas que ignora deliberadamente la presencia de los tres críos en su casa. Por suerte para los pequeños, la esposa de éste, tía Margaret, y sus dos hermanos Finn y Francie (irlandeses y huérfanos desde pequeños también ellos tres), que viven también en esa incómoda y desapacible casa, harán su vida más agradable y les darán el afecto que necesitan para hacer más llevadera su existencia. De hecho Finn introducirá a Melanie en el mundo de los sentimientos de los adultos. 

La juguetería mágica es una actualización de los dramas de huérfanos que pasan de una familia feliz a un entorno desdichado, donde son maltratados por (en este caso) un pariente tiránico y agresivo que despreciaba a los padres de los pequeños. Y cuando digo "actualización" habría que matizar a algún momento entre mediados de los 1950s y mediados de los 1960s, aunque a la trama le faltan referencias temporales explícitas y es tan dickensiana que por momentos uno piensa que estamos en la Inglaterra victoriana, pero no es así; hay algunas menciones al arte-pop y al cine británico englobado en el Kitchen sink drama que ayudan a datarla con algo más de precisión. A mi la novela me ha parecido un pastiche espantoso de clichés del género. Sin gracia, o lo que es peor, con elementos que quieren darle un aire adulto, como todo el proceso de maduración de Melanie y sus primeras experiencias con el sexo, que resultan insoportables y pretenciosos, y que al combinarlos con los aspectos infantiles del argumento, resultan como el agua y el aceite: una mezcla imposible y que fracasa sin remedio. En muchas descripciones, sobre todo cuando la protagonista toma conciencia de su recién estrenado cuerpo de mujer y su sexualidad, o bien cuando fantasea con su vida adulta, Angela Carter emplea un lenguaje florido atiborrado de metáforas pomposas que resulta insufrible y afectado sobremanera. Aunque la traducción la verdad es que no ayuda demasiado. Si no fuera porque la edición de Minotauro es de 1996, uno diría que muchos párrafos están sacados de Google Translator tal cual.

Y por si todo lo anterior no fuera suficiente, llega el capítulo final y se juntan el hambre con las ganas de comer: la autora elige un desenlace sobre el cual no nos había dado ni la menor pista. Con mucho morbo y muchas ganas de crear polémica. Claro que también cabe la posibilidad de que yo sea extremadamente miope y no haya sido capaz de verlo, que no creo. Súmale que no hay ni un elemento fantástico, como quiere sugerir el título, y el resultado es un fiasco con las seis letritas. La f, la i, la a, la s, la c y la o: FI-AS-CO. El libro está descatalogado y es una rareza prácticamente inencontrable de segunda mano. Yo lo he sacado de una biblioteca pública, pero debería haberlo dejado en la estanteria de la C. Es mi tercera experiencia con Carter y solo salvo Cámara sangrienta, porque las dos novelas me han parecido súper prescindibles. De todas formas, hay otras reseñas que hablan maravillas de esta historia, echad un vistazo si no a Visiones fugitivas, Strange library o Tu nombre en la portada. Visto lo visto, está claro que el raro soy yo.

6 comentarios:

Oriol dijo...

Suele pasar, esto de que el criterio de uno a veces está alejado del de los demás. Bueno, es cuestión de gustos y del prisma desde el que cada uno analiza una obra (o la digiera, a veces).
Felicidades por la reseña. La verdad es que me parece que me leeré el de La Cámara Sangrienta primero, y si veo que me gusta, le daré una oportunidad a esta obra. Eso si la encuentro, claro.

Oriol

Lucas Despadas dijo...

Me la empecé ayer porque ví que ibas a reseñarla pronto y me llamó la curiosidad. Llevo veinticinco páginas no muy convencido (sobre todo con la simpleza de las frases y sospechando también una mala traducción), pero después de leer esta entrada, creo que mejor me ahorro el sufrimiento e invierto mi tiempo en leer otra cosa.

Cities: Moving dijo...

@Oriol: Cámara sangrienta no tiene nada que ver con este truño. Totalmente recomedado, espero que lo disfrutes.

@Lucas Despadas: Bueno me quedo más tranquilo sabiendo que lo has empezado a leer y ya habías visto que no te convencía demasiado. Lo digo más que nada por la reseña de Barba Azul que acabo de subir, que he visto que a tí te encantó y yo sin embargo no he conseguido encontrarle nada de interés.

Lucas Despadas dijo...

Sí, también está el hecho de que tenía dieciocho años y acababa de salir del instituto cuando leí Barba Azul y escribí esa especie de reseña. Estaba muy entusiasmado en esa época con la narrativa experimental y tenía poca experiencia y madurez como lector. Dije que era una novela muy buena, pero tres años después no recuerdo casi nada, así que en el fondo tan tan buena no debía de ser.

Cities: Moving dijo...

@Lucas Despadas: Vaya, leer a Max Frisch con 18 años me provoca mucha, mucha envidia
;)

Lucas Despadas dijo...

Sería de los libros más abandonados de la biblioteca del pueblo. De hecho, no sabía ni que hacía allí.

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