29 abr. 2015

El Enigma - Jan Morris

Jan Morris (nacida James Morris en 1926) es una reportera y escritora galesa, especialmente conocida por sus libros de viajes. En El Enigma hace una aproximación autobiográfica a su disforia de género. El desajuste entre un cuerpo masculino y una mente femenina fue evidente para ella desde edades muy tempranas, cuando tan solo era un niño de apenas 5 años, algo que según nos explica es común a todos los transexuales. La narración huye completamente del morbo y de cualquier detalle escabroso de índole sexual. Morris, empleando un lenguaje melindroso y excesivamente sensiblero, se centra más bien en contarnos las penas y alegrías que experimentó durante toda su vida debido a su gran éxito profesional como hombre, cuando paradójicamente siempre se sintió como una mujer (sin ir más lejos, en 1953 y trabajando como reportero de The Times, formó parte de la primera expedición que coronó el Everest), y en hacernos partícipes de su gran goce de la sensualidad, más que de la sexualidad. Casado desde los veintipocos años y con cuatro hijos, no fue hasta mediados de los 1960s cuando empezó la terapia hormonal y en 1972 se sometió a una operación de cambio de sexo en Marruecos, ya que por una cuestión burocrática no podía realizarla en el Reino Unido. La autora sigue viva y actualiza con bastante frecuencia su fotolog en tumblr, lleno de anécdotas de viajes.

No creo que sea necesario señalar la gran cantidad de problemas a los que tiene que enfrentarse una persona transexual. No solo ya los trastornos psiquiátricos y psicológicos que le acompañarán toda su vida por verse obligados a vivir en un cuerpo que no les corresponde (desde el aislamiento hasta la baja autoestima, depresión, tendencias suicidas, etc.). A esto hay que sumar la terrible discriminación que sufren socialmente. En ese sentido, da la impresión de que esta escritora fue bastante afortunada, pues debido a sus orígenes familiares de clase media alta, siempre estuvo inmersa en ambientes muy permisivos/comprensivos con cuestiones de orientación sexual y/o de género (entendido como identidad cultural y psicológica del "yo" con un sexo). No quiero con ello decir que su vida fuera fácil, no creo que lo sea para ningún transexual ni siquiera hoy en dia, pero desde luego por lo que cuenta la niñez, adolescencia y juventud de James no parecen haber estado marcadas por los abusos físicos de otros colegiales, las burlas de los estudiantes, los rumores de sus compañeros de trabajo o la violencia física y verbal de desconocidos. Al contrario, la propia autora nos dice que esa feminidad que trasmitía le hacía ser especialmente querido y valorado dondequiera que estuviese, y nos pone como mejor ejemplo de ello a sus compañeros oficiales del ejército británico (sirvió en el Regimiento Nº 9 de Dragones de su Majestad al final de la II Guerra Mundial).

Quizás debido precisamente a su extracción socioeconómica y al año de nacimiento, Jan Morris resulta ser una señora con un perfil muy conservador. Nada que ver, de hecho, con lo que yo esperaba de una persona que ha tenido que superar tantos y tantos obstáculos para poder hacer algo tan rompedor como cambiar de sexo. El libro está plagado de perlas de lo más rancio donde Ms. Morris deja bien claro que es uno de los últimos productos del imperialismo británico más apolillado, heredera de la diferencia de clases más patética y del machismo más reaccionario. Sin ir más lejos, nos cuenta cómo se avergozaba cuando trabajó para The (Manchester) Guardian, pues todo el mundo le identificaba con los valores progresistas e igualitarios de dicho periódico. Todo lo contrario le sucedía cuando se presentaba como corresponsal de The Times, donde la clase y la flema típicamente británica son institución. Como hombre le gustaban los valores añejos que se suponen a este sexo (camaradería, vigor, liderazgo, dinamismo, etc.), mientras que como mujer se centran en torno a la maternidad y al papel secundario como compañera de un varón. Me sorprende leer en las primeras páginas del libro que tras hacer una revisión del mismo para actualizarlo (fue escrito originalmente en 1974), la escritora confiesa muy satisfecha que apenas ha tenido que cambiar nada, pues todo lo que escribió seguía vigente en casi su totalidad. Muy bien, aquí van algunas de sus opiniones sobre distintas cuestiones para que os hagáis una idea de su vigencia:

El papel de la mujer en la sociedad heteropatriarcal:
Hace unos años viví una temporada en la misma casa que una pareja homosexual muy unida, uno de ellos era pianista y el otro, empresario [...]. Su vínculo era tan real que cuando el pianista murió, el empresario se suicidó [...]. Un matrimonio como el suyo, tan auténtico como el que más, había terminado de manera estéril e infructífera. Y si ambos hubieran vivido hasta llegar a ancianos, me temo, su vida se habría vuelto progresivamente más estéril aún, conforme la sensación de vacío hubiera hecho mella en ellos y menoscabado su plenitud. Yo habría sido incapaz de sobrevivir a una vida así, pues mi instinto de tener hijos era muy profundo. Si no hubiera sido escritora, o artista, sin duda me habría encantado ser simple y llanamente una madre [...] (Pág. 87-88)
Descubrí que los hombres siguen prefiriendo que las mujeres estén menos informadas, menos capacitadas que ellos, que sean menos habladoras y, sin duda, mucho menos egocéntricas que ellos. Por tanto, me acustumbré a complacerlos. (Pág. 196)
A pesar de que había entrado en el mundo femenino a una edad avanzada [...], el sutil sometimiento de la mujer estaba calando en mí, y yo me iba adaptando a él igual que el resto de mujeres se han adaptado a lo largo de las generaciones. (Pág. 197)
La sencillez de las upper-classes británicas,
En una ocasión escribí un artículo en el que comentaba lo que significaba el cielo [...], y expliqué que mi propia concepción del cielo consistía en ir como un bólido por los campos de Castilla con mi Rolls-Royce del momento, con la capota bajada, escuchando el concierto para violín de Mendelssohn por la radio y con mi gato abisinio a mi lado, en el asiento del copiloto. (Pág. 134)
y la naturalidad para tratar con condescendencia a quienes le son extraños:
Y estoy hablando de personas inteligentes y con la cabeza centrada; no hablo de todos esos pobres náufragos que viven entre los dos sexos, los homosexuales mal encauzados, los travestidos, los exhibicionistas psicóticos, que se pasean por medio mundo como si fueran payasos con la cara pintada, dando lástima a los demás y, a menudo, haciéndose un daño tremendo a sí mismos. (Pág. 215)
Una pionera de la conciencia ecológica y el respeto al planeta Tierra:
No comparto el afán ecológico que se ha puesto de moda, desconfío de la necesidad de conservar las selvas, pues acepto que el hombre y sus obras son la fuerza dominante de la naturaleza. (Pág. 133)
No creo que Jan Morris sea mala persona, pero desde luego algunos de sus comentarios son de lo más desafortunados. No hace más que proyectar su propia concepción decimonónica de la vida y a mí personalmente, muchas de sus opiniones me resultan directamente insultantes. Para todo lo culta y viajada que es, sin contar las enormes dificultades que ha debido superar, no parece que la empatía o el saber ponerse en el lugar de los demás sin juzgar, sea uno de los rasgos de su carácter. ¿Qué pensará de Marie Curie o de Rosa Luxemburgo? ¿Que deberían haberse quedado en casa zurciéndo los calcetines de sus maridos y criando a sus vástagos? En resumen, estamos ante un caso claro de que el dinero no da la felicidad, pero desde luego te facilita mucho las cosas a la hora de intentar conseguirla. No he encontrado muchas reseñas de este libro, hay una en Babelia (que no enlazo porque ya sabéis que evito links a los grandes medios) y otra en el blog Escrito para...

26 abr. 2015

Chesil Beach - Ian McEwan

Reino Unido, 1962. Edward Mayhew y Florence Ponting, ambos de poco más de veinte años, se acaban de casar y están pasando la noche de bodas en un hotelito en la costa suroeste de Inglaterra. Florence pertenece a la clase media alta (madre profesora de la Universidad de Oxford, padre empresario de éxito presidente de una compañía de electrónica), mientras que Edward tiene una complicada procedencia familiar (padre profesor de primaria, madre incapacitada por una lesión cerebral en un accidente de lo más estúpido) y cae de lleno en la clase media baja. La verdadera pasión de Florence es la música clásica y el cuarteto de cuerda que lidera; Edward ha terminado sus estudios superiores de historia y no sabe muy bien qué hacer a nivel profesional. Lo que sí tiene claro es que ama con locura a Florece y quiere consumar ese amor físicamente a toda costa. Y es que a principios de los 1960s aún había bastante represión sexual, así que ambos llegan vírgenes al matrimonio. Para complicar las cosas, Florence tiene una aversión insana al contacto sexual, algo patológico y enfermizo. Su concepción del amor y del matrimonio es mucho más espiritual, más de compartir afecto, cariño y una vida en común que unos minutos al día de tocamientos y secreciones corporales (gross!). Aunque ella es consciente de que el matrimonio incluye esa faceta carnal e intenta cumplir con sus obligaciones de esposa, la noche de bodas resulta un verdadero desastre sin solución posible.

Chesil Beach constituye mi toma de contacto con Ian McEwan. Se trata de una novela corta perfectamente construida, con una prosa clara que expresa la acción y describe a los personajes con habilidad y sin artificios innecesarios. Los abundantes flashbacks nos ayudan a saber el camino que la pareja protagonista ha recorrido hasta encerrase en la habitación de hotel en la noche de bodas. Infancia, juventud, formación universitaria y el noviazgo se introducen en la narración en los momentos precisos. La verdad es que técnicamente, el texto me ha parecido impecable. Además se trata de una historia muy triste de personas enfrentadas a unas expectativas sociales que son incapaces de superar, lo cual conduce a un drama en que Edward es quien se lleva la peor parte. Florence consiguió prosperar con su cuarteto de música, sin embargo él, enfrentado a los sinsabores y amarguras del amor desde muy joven, se limitó a llevar una vida bastante inane, sobrevolada por la desdicha de haber perdido a quien siempre considerará su media naranja. Qué lástima, cuánto dolor y cuánto desgraciado hay en nombre de esa estúpida convención social del amor y la pareja. Aunque por otro lado, ¡qué relato tan maravilloso, me encantan los finales tristes! Os dejo un par de reseñas para que podáis acercaros a esta obra desde otras apreciaciones: Literatura en lo talones, donde gusta, y Un libro al día, donde no.

22 abr. 2015

Cuentos de Santa María - Juan Carlos Onetti

Cuentos de Santa María es un conjunto de relatos cortos que transcurre en la ciudad ficticia de Santa María, localizada en la desembocadura de algún río indeterminado del Cono Sur de América. A lo largo de once textos vamos conociendo distintas historias que tienen lugar en esta ciudad. Como suele ser habitual en estas series, algunos residentes del enclave portuario aparecen en varios de ellos, actúan como elementos que aportan cierta continuidad y globalidad a toda la narración. Los relatos incluidos son:

  • La Casa en la Arena
  • El Álbum
  • Historia del Caballero de la Rosa y de la Virgen encinta que vino de Liliput
  • El Infierno tan temido
  • Jacob y el Otro
  • Tan triste como ella
  • La Novia robada
  • Las Mellizas
  • La Muerte y la Niña
  • El Perro tendrá su Día
  • Presencia
Prologado por Juan Villoro, hay un párrafo del prefacio a la obra de Juan Carlos Onetti que activó todas las alarmas de mi cerebro reptiliano:
La literatura de Onetti es una derrota de la literalidad. Enemigo de toda frase «práctica» o «utilitaria», sólo puede escribir en forma literaria. En su dilatada trayectoria no hay una sola concesión a las expresiones comunes. Narrar es para él decir las cosas «de otro modo».
Me conozco, me conozco demasiado bien, que son muchos años ya, así que leer esto y ponerme a la defensiva ante el peligro inminente fue todo uno. Y no me equivoqué en mi apreciación ni en un ápice. Ya desde el primer relato me quedó bien claro que la prosa de Onetti se caracteriza por deambular en torno a una idea principal haciendo uso de muchos conceptos adjuntos que no aportan información crucial para su entendimento, sino que la complementan innecesariariamente. Esa perculiaridad suya de decir las cosas «de otro modo» parece más bien aportar ruído, incrementar la entropía, llevarnos al caos... Al menos en una primera impresión, porque curiosamente estos datos extra sin otro posible valor que el estilístico, a la larga se demuestra que vienen a clarifican situaciones o personajes que se presentarán con posterioridad. ¿Se puede hacer algo así? Pues sí, y no le resto mérito, aunque admito que a mí esta singularidad me resulta molesta a más no poder. Como clave adicional en el estilo de este escritor, también señalada en el prólogo, resulta imprescindible destacar que los factores esenciales para que el cuento cobre sentido se retrasan todo lo posible y un poco más. Hasta el último párrafo, hasta la última frase si me apuras. Un número muy elevado de los cuentos arrancan sobre un acontecimiento definitivo que se presenta en el primer párrafo. En el resto de la narración el autor uruguayo irá realizando una una aproximación tan tangencial a su resolución que nos hará dudar de si hay algo de lógica en lo que estamos leyendo.

Me habría encantado conectar con el estilo de Onetti porque las temáticas que trata encajan a la perfección con mis gustos: dramas en los que abunda el desamor, los engaños, las mentiras, la soledad, el abandono, la desesperación... En definitiva el lado más amargo de la vida junto con los patéticos intentos de los personajes por obtener una mínima satisfacción. Los santamarianos resultan ser un puñado de miserables que intentan no inmiscuirse en la vida de los demás aunque sin demasiado éxito. Sus intentos de ayudar al prójimo suelen causar más mal que bien, lo cual no hace sino disuadirles de seguir por ese camino, volviéndoles más huraños y hoscos. Sin embargo y para mi desgracia, ese alejamiento de la literalidad citado por el prologuista aleja también mi interés. Juro que lo he intentado, pero no he conseguido encontrarle la magia. Qué le vamos a hacer, chacun à son goût. No he visto ninguna reseña de este volumen en particular en la blogosfera, aunque sí hay bastantes de sus cuentos completos. En esta ocasión y visto el poco interés que este premio Cervantes ha despertado en mi, no me voy a esforzar más y lo dejo a decisión vuestra leer otras opiniones.

19 abr. 2015

Máscara - Stanisław Lem

Stanisław Lem es un buen conocido de este blog. Una consecuencia inmediata de tener una relación, no diría íntima pero sí cercana a su obra, es que las reseñas tienden a decir siempre lo mismo. Mírese si no lo que ocurre con mis posts de novelas y/o cuentos de Philip K. Dick y J.G. Ballard, que son otros dos que tal bailan por aquí. Así pues, lo que tengo que contar de Máscara es poco más o menos una combinación lineal del resto de comentarios que he vertido anteriormente sobre libros de este autor. Dice la ficha de la editorial que esta compilación de relatos cortos recoge 13 obras inéditas hasta el momento en la lengua cervantina:

  • La Rata en el Laberinto
  • Invasión
  • El Amigo
  • La Invasión de Aldebarán
  • Moho y Oscuridad
  • El Martillo
  • La Fórmula de Lymphater
  • El Diario
  • La Verdad
  • Máscara
  • Cientro treinta y siete Segundos
  • El Acertijo
  • La Colchoneta
Las temáticas son las habituales del escritor polaco: ciencia ficción plagada de misterio con visiones fatalistas alejadas del antropocentrismo (excepto por un par que caen dentro de su clásico estilo humorístico). Los extraterrestres de Lem nunca son humanoides, son entidades que por tamaño, estructura y composición pasan por asteroides, cometas o planetas. Sus objetivos y su comportamiento permanecerán siempre como un enigma para el hombre. La Teoría de la Información, las redes de ordenadores y la Inteligencia Artificial se presentan como pasos inevitables del progreso, pero con un lado oscuro que constituye una amenaza a la supuesta supremacía humana, que en sus ridículas limitaciones es incapaz de considerar que un cerebro electrónico pueda trascenderle (algo que Stephen Hawking tiene bastante claro, por cierto). Se abordan sorprendentes teorías con una consistente base científica real que sin embargo conducen a visiones alternativas del Universo que nada tienen que ver con modelo al que estamos habituados.

En cuanto a la prosa, solo recordar una vez más que este autor es cualquier cosa menos sencillo. Las tramas se desarrollan con un lenguaje denso, complejo, gongorino en ocasiones; el estilo queda justificado la mayoría de las veces por la complejidad de los argumentos y la profundidad filosófica y/o científica de los temas que aborda. Ha habido algún relato en el cual me sentía como en la típica pesadilla en que por más que intentas huir de algo te resulta imposible porque tus pies están metidos en una zona muy embarrada y te cuesta horrores sacarlos: cada página leída me parecía un logro en sí mismo pero nunca conseguía ver el final. Se trata de una lectura muy, muy exigente pero reconfortante en (casi) todas las ocasiones. Estamos ante un volúmen que sirve como muestra de las diferentes habilidades y características de la obra de Lem. Hay muchísimas reseñas de este libro en los medios y la blogosfera, os sugiero echar un vistazo a Crónicas literarias, El blog de Patricio Pron o CCyberdark. Esta última tiene un breve resumen de cada uno de los relatos, aunque el que ellos destacan como el mejor, es precisamente el que menos me ha gustado a mí. ¿Qué cosas, verdad?

16 abr. 2015

El Juego de la Mente - Norman Spinrad

Norman Spinrad es uno de los clásicos escritores de ciencia-ficción norteamericanos englobado en el movimiento de la Nueva Ola de los 1960s y 1970s. Con ése ánimo me enfretaba yo a El Juego de la Mente y para mi sorpresa, de ciencia-ficción hay muy poco en esta novela. Se trata por el contrario de una historia de intriga que transcurre en el oscuro mundo de las sectas californianas. Jack y Annie Weller son un matrimonio treintañero lleno de expectativas e ilusiones profesionales en el mundo del espectáculo, pero para su desgracia no acaban de despegar en un Hollywood que les queda grande. Jack es el director de un programa infantil infame que se emite los sábados por la mañana. Annie espera su gran oportunidad como actriz pero su agente apenas le consigue castings para publicidad en los que nunca resulta elegida. Una tarde cualquiera un par de conocidos les invitan a visitar el centro que los transformacionalistas han abierto en su zona. Con la excusa de copas gratis y la posibilidad de mezclarse con peces gordos del show business, los Weller aceptan. Las visitas se repiten a lo largo de las semanas, aunque Jack no consigue avanzar socialmente y mucho menos contactar con nadie de interés profesionalmente hablando. Annie sin embargo se ve seducida por las proclamas del culto y acaba enredada en la secta. Después de pasar por varios procesos iniciáticos disfrazados de mejora personal, considera que su matrimonio es un lastre, que sus aspiraciones de actriz son una farsa y le da un ultimátum a su marido: o se inicia en el Transformacionalismo o tendrán que separarse porque su actitud regresiva está impidiendo su progreso personal, espiritual, etc.

Con el único objetivo de recuperar a su esposa, Jack se une también al Transformacionalismo confiando en que podrá engañarlos y pasar sus procesos iniciáticos y de asimilación sin verse afectado psicológicamente. En el desarrollo asistiremos a algunas las técnicas que estos cultos pseudo-religiosos emplean para captar y mantener a sus adeptos. Comprobaremos también la existencia de entramados empresariales que las acompañan con el único propósito de servir a sus propios intereses. El protagonista irá progresando en la estructura piramidal de poder, por lo cual se verá enfrentado a controles cada vez más duros para demostrar su entrega y compromiso con el ideario. Tras meses de inmersión consigue entrar al servicio del mismísimo creador de la misma, John B. Steinhardt, un antiguo escritor de ciencia-ficción de segunda categoría, quien redactó una novelucha llamada 'El Hombre Transformacional', germen de la secta a raíz de un grupo de fans que vio un mensaje más profundo en el texto. En fin, por lo poco que conozco de la Iglesia de la Cienciología el paralelismo parece bastante obvio. Lo cierto es que la trama y la acción son bastante entretenidas aunque insustanciales. Yo diría que al libro le sobra la mitad de las páginas: el argumento se ha hinchado y desarrollado en exceso, quiero creer que para intentar hacer más fidedigno el progreso del acólito en la secta. Lamentablemente es información intrascendente que no aporta más que párrafos y párrafos de relleno. No he encontrado apenas reseñas de esta novela en la blogosfera, tenéis una muy breve en Les males herbes (en catalán).

9 abr. 2015

Walden Dos - B.F. Skinner

La distopía es uno de mis subgéneros preferidos de la ciencia-ficción. Me gustan muchísimo esas recreaciones de futuros sombríos y alienados en los cuales la esperanza y la alegría han sido diezmadas por la avaricia, el egoísmo y las ansias de poder tan características del ser humano. Muy mal escrita tiene que estar una novela distópica para que yo no disfrute con la lectura. Ahora bien, ¿qué hay de las utopías? Es decir, ¿por qué no da tanto juego idear un futuro en el que por fin el ser humano se haya librado de sus aspectos negativos y consiga ser feliz y vivir en paz con sus semejantes y en armonía con el resto de seres de la creación? Muy probablemente porque el ser humano considerado globalmente es despreciable. En mi opinión los pocos ejemplos puntuales de altruísmo, bondad o genialidad que se presentan a lo largo de la historia no tienen fuerza suficiente para compensar la mezquindad, o simplemente la mediocridad, de miles de millones (7.000 y subiendo) de bocas humanas con sus patéticos deseos consumistas y una huella ecológica que riéte tú del desaparecido Concorde. Así pues, parece mucho más plausible ficcionar una deriva totalitaria de la humanidad, tipo '1984', 'Fahrenheit 451' o 'Un Mundo feliz', por citar las más conocidas y unánimente reconocidas como tales, que luego hay mucho despistado por ahí incapaz de diferenciar entre distopía y ciencia-ficción post-apocalítpica. Sin embargo B.F. Skinner se atrevió a coquetear con la utopía en Walden Dos. Y ni siquiera situó la acción en el futuro, sino que la hizo simultánea al momento de su escritura, apenas tres años después de la finalización de la II Guerra Mundial.

El libro nos describe una comunidad experimental utópica que lleva funcionando ya algunos años, en torno a una década diría yo. Ideada y concebida por un psicólogo conductista, E.T. Frazier, Walden Dos aglutina en una zona rural en torno a mil personas, las cuales viven en colectividad compartiendo todas las tareas necesarias para el mantenimiento de la misma, así como los beneficios obtenidos de ella. Varios han sido los mecanismos para conseguir que los habitantes de Walden Dos sean felices. Por resumir someramente, las claves están en la reducción de la jornada de trabajo (4 horas diarias), adecuación el empleo a las habilidades y a los intereses personales, fomento de la cultura del ocio y la expresión artística y por último la aplicación de técnicas de moldeado de la conducta para que el ser humano se adapte/readapte a las exigencias de la vida comunitaria y elimine los lastres culturales de la sociedad occidental. Hay un grupo de Administradores y Planificadores que van rotando y se encargan de velar por el reparto de tareas y de ajustar el peso de las mismas para que no se queden sin cubrir las menos atractivas. Igualmente realizan acciones más complejas: establecer protocolos de actuación, definir las directrices de educación y formación, relaciones públicas, etc. Una de las características más chocantes de Walden Dos es su interés en diluir la fuerza de la familia como unidad cultural. Todos los residentes participan activamente en la cria de todos los bebés, que hasta los 3 años viven en unos pabellones comunes. De la misma manera, todos los adultos comparten y reparten su afecto y cariño entre todos los niños, aunque los padres biológiocos sigan existiendo como presencia de algo más de peso.

Otros aspectos sociales y culturales como la sexualidad, el matrimonio, el divorcio, los modelos de convivencia etc. se han ido estudiando y reconfigurando según las necesidades detectadas, ya que Walden Dos es un gran experimiento social vivo, en constante análisis y cambio. La novela básicamente nos explica este modelo alternativo de vida que coexiste con la democracia norteamericana, integrada en su modelo legal y económico, pero relacionándose con ella solo cuando resulta estrictamente obligatorio. La trama nos presenta a dos parejas de jóvenes, descontentas con la sociedad a que han de incorporarse tras el fin de la contienda, que visitan la comunidad durante unos días junto con un par de catedráticos universitarios. El profesor Burris fue compañero de estudios de Frazier y el nexo de unión entre todos. Su personaje es crítico, aunque abierto y receptivo. Sin embargo Augustine Castle, historiador, interpreta el papel de abogado del diablo. Incapaz de reconocer los aciertos y ventajas de esta comunidad utópica, se dedicará a señalar los fallos que encuentra, dogmatizando y tratando de imponer el modelo social actual como único garante de un supuesto libre albedrío el cual, entiende, ha de ser el faro que guíe la existencia del ser humano.

En realidad podría decirse que estamos ante un ensayo sobre Filosofía y Psicología en forma de novela. El 95% del texto consiste en exponer el modelo de utopía conductista, analizarlo, explorar sus debilidades y fortalezas, cuestionar su validez. El 5% restante se rellena con la historia personal de los 6 visitantes y la relación que establecen o establecerán con esta comunidad. Tal y como se presenta, la verdad es que me a mí me han dado ganas locas de mudarme a cualquiera de las cinco centros que ya existían en la novela (al Walden 7 de Ricardo Bofill también me mudaría encantado, que conste). Todos los aspectos supuestamente negativos que Castle destaca me han resultado langue de bois, cháchara bienintencionada pero vacía, con nula presencia en las vidas del 99.99999% de la población: eliminación del libre albedrío, sociedad no democrática, desaparición de la competitividad como motor del crecimiento personal, bla, bla, bla. Ya me diréis a mí si el modelo democrático español garantiza siquiera la representatividad de aquellos idearios que no encajan en el modelo bipartidista que fomenta. No hace falta que contestéis, ya lo digo yo: NO. Pues bien, cambio todas esas monsergas sobre libertad del individuo y progreso continuado por una jornada laboral de 4 horas diarias y ocio a tutiplén el resto del día: leer, sestear al sol, visitar museos o pintar cuadros de colores imitando a Lohse. Tenéis otra reseña de este libro en La isla de las cabezas cortadas.

5 abr. 2015

Ritos de Paso - William Golding

Una angustiosa travesía en velero desde el Reino Unido a Sidney. Una fecha indeterminada entre finales del S. XVIII y principios del S. XIX, a juzgar por el miedo cerval de los personajes femeninos a los franceses, justificado por la existencia de alguna Guerra Napoleónica. Ritos de Paso está escrito a modo de diario con algunos tramos epistolares. Es el cuaderno de bitácora personal que Edmund Talbot, un joven caballero destinado a aquella colonia de su Majestad como ayudante del gobernador, escribe para su reputado padrino y mentor a modo de divertimento para ambos. Para que el primero se entretenga en tan largo viaje, y para que el segundo pueda revivir aventuras que por su edad le quedan ya lejanas. Al mando del buque de guerra transformado en barco de pasajeros se encuentra el capitán Anderson, quien debido a una complicada historia familiar que no conoceremos sino hasta el final, profesa un odio despiadado al clero. El bisoño reverendo católico Robert James Colley embarca también rumbo a las antípodas, y como resultado de una leve imprudencia por su parte, se vuelve objeto de la hostilidad del dicho oficial.

Aunque estamos ante una novela muy bien escrita, me temo que no me ha emocionado mucho que digamos. En mi opinión son varios son los factores que juegan a favor y en su contra. Algunos de ellos tanto a favor como en contra a la vez. Empecemos por la prosa. La redacción imita con bastante fidelidad las formas, maneras y tratamientos lingüísticos que hemos de suponer se empleaban en los años en que transcurre. Hay muchísima afectación, muchísima artificiosidad, una composición pomposa que desde luego es una ayuda excelente para ponerse en situación y transportarnos en el tiempo, pero por otro lado hace pesada la lectura. Frases del tipo "si su Excelencia tiene a bien permitirme el atrevimiento de dejar entrever las sucias artimañas empleadas por el artero capitán en contra de nuestro ingenuio y humilde capellán"  tienen gracia al principio, pero al cuarto capítulo agotan. Sigamos con más impedimentos: el léxico específico de la navegación por mar. Probablemente imprescindible, aunque por desgracia dificulta la comprensión. Ahí van unos cuantos términos que aparencen con frecuencia en el texto: combés, flechadura, jarcias, gavia, amurada, obenque, escota, guiñada, botavara, arpeo, mesana, bauprés, beque, sentina, penol, pañol. Muchas veces ni siquiera su definición en el diccionario resulta de ayuda:
codaste (Del lat. catasta, andamio). 1. m. Mar. Madero grueso puesto verticalmente sobre el extremo de la quilla inmediato a la popa, que sirve de fundamento a toda la armazón de esta parte del buque. En las embarcaciones de hierro forma una sola pieza con la quilla.
A pesar de lo incómodo que por momentos resulta leer esta novela debido a estas dos particularidades, hay que elogiar el trabajo realizado por William Golding a la hora de caracterizar a los personajes. La clase alta, culta y acomodada; el clero exigiendo sus privilegios; los oficiales de la armada británica; la marinería que coquetea con el crimen; los denominados inmigrantes: clase obrera ignorante y de modales brutales. De nuevo el Nobel británico desarrolla el conflicto de clases, algo tan característico de su país. Así pues, cada uno de los participantes en la acción responde a lo que cabría esperar de su extracción social. Las tensiones  que se presentan durante el viaje hacen que la narración sea claustrofóbica, a lo cual también ayudan las ricas descripciones de la insoportable vida en el navío y sus efectos en el pasaje. Tormentas amenazadoras que dan paso a una desesperante calma chicha. La debilidad causada por los constantes mareos. Las fiebres tropicales que van sufriendo los viajeros. El insoportable olor de la carga, los enfermos o los excrementos humanos. Todo esto está muy bien, sí, pero al final, el argumento se viene a resolver en base un lamentable episodio protagonizado por el cura, aunque consentido tácitamente por la indiferencia del capitán. La transcendencia de suceso se sobredimiensiona por las estrecheces morales imperantes en la sociedad. De acuerdo en que de esta forma son puestas en entredicho, pero en definitiva mi impresión es que se fuerza en exceso el drama, perdiendo de esta forma credibilidad. En resumen y para mi gusto, un poco decepcionante. Más reseñas en Miles de libros, que me ha parecido que destaca puntos muy buenos de la narración, por más que yo no comparta el entusiasmo de su autor por el libro, y en Siroco - Encuentros y amistad.

1 abr. 2015

Indicios de Hipo - Philip Hensher

Leer Indicios de Hipo es malgastar el tiempo, porque hay algo intrinsecamente estúpido y malicioso en este libro. Es enfrentarte al vacío argumental más pasmoso esperando algo, una mínima muestra de no sé, chispa, y comprobar al llegar al final que no hay nada. Absolutamente nada. De nuevo los astutos editores me hicieron picar al comparar el humor de Philip Hensher con el del ínclito Evelyn Waugh (ayudó también que costaba menos de 10,00€). Pues bien, nada que ver. La comparación es insultante para Waugh y para cualquiera que como yo, cometa la imprudencia de enfrentarse a este bodrio.

La trama es muy sencilla, a John le abandona su mujer una mañana. Janet se marcha a viajar por el mundo y él se queda solo en sus quehaceres diarios. Trabaja elaborando índices para una editorial. También hace de asistente doméstico de una anciana dos o tres días por semana. Este era su pequeño secreto, algo que ha influido sin duda en que su esposa se decida a dejarle. El primer día de la separación le da un ataque de hipo que no se le pasa por más remedios que intenta. Conocemos a su familia, marcada por el asesinato hace unos 20 años de su hermana mayor con tan solo 17, cuando volvía sola de una discoteca. En la boda de su otra hermana conoce a Wasia, una chica inglesa de origen indio, con quien parece va a tener un affair sexual, pero que sólo está interesada en fotografiarle a él y a su parentela. Pasan más cosas sin relación las unas con las otras. Un dia sale de fiesta con Wasia y sus amigos. Otro día ayuda a un amigo de la familia a comprarse un coche. Y esto. Y aquello. Pasa un mes y su mujer vuelve. Se le pasa el hipo. Se acaba la novela y en un golpe de ingenio que te mondas de risa nos encontramos con un índice alfabético de las materias tratadas.

En definitiva ni el plantel de personajes extravagantes, ni el drama familiar (el asesinato de la hermana), y mucho menos el personal (abandono de su mujer) consiguen lograr el efecto buscado, ya sea provocar la risa por un lado, o tocar la fibra sensible por otro. Al margen de que los intentos de emocionar son bastante deplorables, veáse si no la cita:
Al final de aquel mes con hipo, lo que entendí fue que no tenía un concepto formado de mí mismo, salvo como objeto del amor de Janet. Es así de duro, y puede parecer patético. Pero al fin y al cabo, ¿qué somos cualquiera de nosotros sino el constructo del amor de los demás? [...] ¿Qué hacemos de nosotros si no tenemos a nadie que haga algo de nosotros, a nadie en quien confiar?
¡Brrrrrrr! ¡Los pelos como escarpias se me ponen al leer algo tan bien escrito! Por si esto no fuera bastante, la narración peca de una característica típica de los libros de humor contemporáneos que transcurren en Londres y que a mi personalmente me enerva bastante: está pensada para los londinenses y por tanto, se pasan todo el rato metiendo referencias y coñas propias de la ciudad que evidentemente, al resto de posibles lectores les son desconocidas. Así pues decir por un descuido que el protagonista vive en Brixton en lugar de Putney se supone que tiene un montón de matices que son un descojono. Y cuando cuenta que para ir a Camden Town ha pasado por Lambeth saliendo desde Streatham (es un decir), está evocando maravillosos paisajes inaccesibles para el lector de la Garrotxa, la Vaucluse o la Turingia. También al mencionar hábilmente que prefiere hacer la compra en el mercado de Clapham en lugar de ir al Tesco está creando un vínculo muy estrecho con quienes saben del tipismo cockney del lugar y no hace falta decir más. Y si nos ponemos a hablar de los pubs y bares de Wandsworth ya te has ganado a los más reacios. Todo lo cual, como técnica literaria, a mi me parece terriblemente pobre. Por lo que he podido curiosear por Internet, el autor es una eterna nueva promesa de las letras británicas. Tiene también publicado en español El Rey de los Tejones, una novela negra que recuerda un poco a la serie Broadchurch pero en un pueblo de interior. Espero que sea mejor que la que he reseñado hoy, porque tela marinera qué cosa tan mala. Tenéis más opiniones de esta fulaña en Página/12, donde con mucha elegancia se deja ver que no es precisamente lo que se dice un buen libro.
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