30 jul. 2013

Campo de Concentración - Thomas M. Disch

Estoy tan emocionado con Thomas M. Disch que aquí estoy de nuevo con uno de sus libros más conocidos: Campo de Concentración. Esta vez me ahorro redactar un resumen porque el que proporcionan en La Factoría de Ideas es breve, conciso y acertado. Y además no da más pistas de la cuenta, algo a lo que yo tengo tendencia:
Década de los setenta del Siglo XX: Los Estados Unidos han declarado la guerra al resto del mundo y a gran parte de su propia ciudadanía, y están dispuestos a usar cualquier arma que les asegure la victoria. Louis Sacchetti, un poeta encarcelado por negarse a ser alistado, es llevado a una instalación secreta llamada campo Arquímedes, donde es testigo involuntario de los experimentos despiadados de «maximización de la inteligencia» llevados a cabo por el ejército. Los prisioneros a los que se les administra Pallidine, una droga derivada de la espiroqueta de la sífilis, pronto se convierten en genios, pero hay un desafortunado efecto secundario. El Pallidine resulta mortal en todos los casos.
La novela tiene un marcadísimo tono pesimista y deseperanzado, lo cual prácticamente garantiza el éxito según mis patrones estéticos. Se puede sentir la presión totalitaria a lo largo y ancho de todas las páginas del libro. Me ha resultado fácil identificarme con el protagonista, puesto que el autor idealiza su postura de rechazo a participar en una guerra que no es la suya. Pero por supuesto mantener limpia la conciencia, le conduce a un destino amargo y del cual parece no haber salida lo cual genera un conflicto personal muy agridulce y auténtico.

La narración, escrita en primera persona por el protagonista en forma de diario, es muy ágil y bastante menos densa que en las otras dos novelas de Disch que llevo leídas. A destacar un par de golpes de efecto buenísimos: el primero se ve venir bastante bien, y marca un antes y un después en la labor de interlocución de Louis Sacchetti entre los conejillos de indias del experimento y la dirección del Campo Arquímedes, tarea que aparentemente justifica su presencia en esa institución secreta. Ahora bien, el segundo ha sido una sopresa agradabilísima que viene a resolver la trama, y que desde luego habla muy bien de la habilidad de este autor para idear, tejer y solucionar buenas historias.

Tenéis más opiniones sobre este libro en el Sitio de Ciencia-Ficción, con una reseña doble. La primera lo deja a la altura del betún y la segunda lo puntúa con un 8.

26 jul. 2013

Los Cristales soñadores - Theodore Sturgeon

En Los Cristales soñadores (1950), que de acuerdo a la Wikipedia es la primera novela que publicó, Theodore Sturgeon empezaba a trabajar los temas que veríamos desarrollados con mejor tino en Más que humano (1953): seres humanos mutantes dotados de excepcionales capacidades psi que se ven (auto)marginados en una sociedad que sólo les permite existir como monstruos/fenómenos de feria. Lo que vienen siendo los freaks en el sentido original de la palabra inglesa, vaya.

Así pues, tenemos al niño protagonista, Horton Bluett, huérfano de origen desconocido y que disfruta de poderes excepcionales que solo con el tiempo logrará conocer y controlar (puede transformar su cuerpo, regenerarse, leer el pensamiento, etc.). Es adoptado por una pareja, y el padre Armand Bluett resulta ser un auténtico desalmado que maltrata al pequeño a placer. Así pues, con tan solo 8 añitos el pobre Horton se ve obligado a huir, siendo recogido por unos artistas de feria (los freaks) que le protegen y con mucha sutileza van moldeando su personalidad y dotandole de grandes conocimientos para que encuentre su destino de mutante. El director del circo es Pierre Monetre, un médico caído en desgracia por sus malas artes y que resentido con el mundo planea su venganza a base de desastres y pandemias a tutiplén. Para ello pretende utilizar los cristales que dan título al libro: unos increíbles y omnipotentes entes de origen extraterrestre que le van que ni pintado a sus ansias de destrucción, si los pudiera controlar, claro. Y ahí es donde el protagonista parece ser la clave para entender cómo funcionan.

Sin ser mala, además de breve, a mí la historia me ha decepcionado un poco porque es volver a repetir la misma canción, en esta ocasión con personajes muy maniqueos: los humanos más malos que la quina y los mutantes pedazos de panes que se le coge a uno un nudo en la garganta del buen corazón que tienen. Y por supuesto, a pesar de las humillaciones que sufren, de las vejaciones a que son sometidos, de las constantes burlas y desprecios que reciben del homo sapiens, los mutantes se empeñan en ser humanos porque los humanos tienen... sentimientos. ¡Ja!, mucha moralina veo yo. Y luego, siendo bastante benévolo, mi impresión es que toda la exégesis de la naturaleza y origen de los cristales soñadores no está demasiado bien desarrollada: que si son extraterrestres e indiferentes a la existencia del hombre, que viven en soledad pero a veces se acoplan por pares, que bajos ciertas condiciones sus sueños producen entidades vivas en la realidad terrestre, y un largo etcétera. En fin, a pesar de todo, hay ideas muy buenas, algunas de las cuales  merecían mejor tratamiento. Admito que ese final, con el protagonista renunciando a las mieles de la humanidad para refugiarse entre sus iguales, me ha parecido de una dignidad asombrosa. El hecho de que la novela se lea en un par de sentadas me hace pensar que se podría haber sacado más jugo a toda la trama, ¡pero...!, las cosas son como son. Bajo mi punto de vista, puestos a leer algo de este hombre, sin duda mejor elegir Más que humano.

Tenéis otra reseña en el Sitio de Ciencia-ficción; aunque no comparto su entusiasmo por la obra, no deja de tener razón en los puntos que destaca. También podéis echar un vistazo a lo que los usuarios de La Tercera Fundación comentan en la ficha del libro. Según veo al único a quien no ha terminado de convencer es a mí.

22 jul. 2013

Trilogía de Nueva York - Paul Auster

Para tomar contacto por primera vez con Paul Auster qué mejor que Trilogía de Nueva York, donde se recopilan las tres primeras novelas cortas que publicó:

  • Ciudad de Cristal (1985). Un escritor recibe varias llamadas telefónicas equivocadas preguntando por un investigador privado. Al final, un poco a modo de pasatiempo, decide hacerse pasar por el detective por quien preguntan y se ve inmerso en un extraño caso que termina por poner su vida patas arriba.
  • Fantasmas (1986). Un detective debe seguir a un individuo y para ello se aisla completamente de su entorno más próximo. La monotonía del caso y la soledad que experimenta disparan sus sospechas y termina concibiendo ideas irracionales que resuelven el caso de forma fuera de lo común.
  • La Habitación cerrada (1986). La esposa de un escritor desconocido, desaparecido sin rastro desde hace meses, se pone en contacto con un antiguo amigo de su marido para que evalúe la calidad de su obra. El material que le entrega resulta ser increíblemente bueno y sus novelas, poesías y piezas teatrales se convierten en un éxito. Como efecto secundario, ambos se enamoran y comienzan una vida juntos. Sin embargo el caso de desaparición no está del todo claro y el protagonista, con fundadas sospechas, se embarca en una búsqueda desesperada por encontrar a su viejo amigo.
Se podría clasificar a las tres dentro del género negro, pues en todos los casos hay misterios, detectives, indagaciones, pesquisas, agendas ocultas, vigilancias encubiertas, sospechas y preguntas sin respuesta. No obstante, las dos primeras tienen un giro kafkiano, turbio, oscuro, que hace que el final se desvíe completamente de lo que hace sospechar toda la trama que nos ha llevado hasta ahí. En comparación, la tercera es bastante más convencional, y con ello quiero decir que me ha parecido la más elaborada, la mejor planteada, la que menos tira de efectismos y malabarismos literarios para en definitiva, contar una muy buena historia. De todas formas en los tres relatos el proceso de investigación conduce a los protagonistas a un aislamiento en donde la realidad se transforma o desaparece por completo, siendo una serie de ideas enfermizas y al límite de la cordura las que dirigirán el curso de los acontecimientos.

En cuanto a estilo del Premio Príncipe de Austurias de las Letras del 2006, es claro, conciso, preciso y carente de florituras innecesarias. Al margen de que me haya quedado cara de 'ligeramente desubicado' con las dos primeras novelas, reconozco que ha sido todo un placer encontrarme con una prosa tan inmediata y directa, más aún considerando el reciente desastre que ha supuesto Nova.

Sin duda, tendré que seguir explorando el resto de sus novelas. Tenéis una reseña muy completa de este libro en El quimérico Lector.

18 jul. 2013

Lo que hay que tener - Tom Wolfe

Número 85 fue el chimpancé que ensayó el primer vuelo orbital de los Estados Unidos. Naturalmente, Número 85 no eligió ese destino. Fue comprado en una granja de animales exóticos de Miami y sometido a lo que el programa Mercury de la NASA denominaba eufemísticamente "condicionamiento operativo". Se trataba de hacer pasar a Número 85 una y otra vez por las mismas experiencias que sufriría durante su puesta en órbita (ensordecedores ruídos de ignición y combustión, fuerzas de 6 y 7G, etc.) y hacerle ejecutar una serie de operaciones simples durante el mismo a base de recompensarle si acertaba, o soltarle una descarga eléctrica en la planta de los pies si fallaba. Bueno, Número 85 no era el único, para solventar cualquier percance que pudiera sucederle, había otros cuantos simios más de su misma especie especialmente inteligentes que estaban bajo el mismo programa. Número 85 pasó por todas las etapas posibles en su amargo destino: empezó con un rechazo frontal violento al entrenamiento para a continuación, pasar a colaborar amablemente con el propósito soterrado de ganarse la confianza de los veterinarios y pegársela a la más minima. Era obvio que a Número 85 no le gustaba estar allí y que quería huir, huir y recuperar su libertad como desea cualquier esclavo. Cuando los científicos de la NASA se cansaron de su actitud negativa, le encerraron durante 7 días en una caja de metal y le dejaron dentro revuelto con su propia mierda y su orina. Al salir, Número 85 había aceptado su amargo destino y efectuó todas las pruebas, ensayos, simulacros y experimentos sin rechistar. Su vuelo orbital, aunque duró algo menos de lo previsto por problemas con la estabilidad de la cápsula solo atribuibles al sistema automático de control, se consideró un éxito y dio pista libre al lanzamiento con un piloto humano. Se detectó eso sí que la presión sanguínea de Número 85 era elevadísima, aunque no solo durante la misión, que se tomó con mucho aplomo. No, Número 85 tenía la tensión arterial muy alta desde hacía dos años, justo el tiempo que llevaba siendo forzado a ese entrenamiento, tragandose la rabia y la frustración y bombeandola por su sistema sanguíneo. De hecho, las elevadas lecturas de su presión pusieron a la ciencia médica en pista de la influencia del estrés en la salud, también en la humana, por supuesto, que si no la hipertensión de un mono habría importado un pimiento.

Con anterioridad al vuelo orbital, otro chimpancé, Número 61, había pasado por un proceso similar de estimulación psicomotriz (o bien recompensas, o bien calambrazos en la planta de los pies), para testear la seguridad de un vuelo parabólico suborbital en el que pasaría poco más de un par de minutos en ingravidez antes de volver a la Tierra. Sería el conejillo de indias que garantizaría la seguridad del primer norteamericano en llegar al espacio. Aunque igual de aterrador, el caso de Número 61 está mejor documentado que el de Número 85: Número 61 fue secuestrado con poco más de 2 años y medio de su entorno natural en África y trasladado a USA, a la misma granja donde la NASA adquirió a Número 85.

Así es como se las gastaban los EEUU en su carrera por conquistar el espacio. Carrera en la que fueron unos segundones, pues la Unión Soviética se les adelantaba siempre algunos meses en cualquiera de los proyectos que ideasen (excepto poner a un hombre en la Luna, faltaría más). Por supuesto los soviéticos también tuvieron su historia negra de abuso y maltrato animal durante la conquista del cosmos. En su caso, la URSS optó por experimentar con perros. Desde luego Tom Wolfe merece todo mi respeto por haber incluído las historias de Número 85 y Número 61 en Lo que hay que tener. Lo hace además llamando a las cosas por su nombre, y por el tono que usa en la narración de los crueles experimentos a que fueron sometidos, me gustaría creer que se pone de lado de los sufridos chimpancés, víctimas inocentes en la carrera por el desarrollo y el progreso de la Humanidad (que humanidad con otras especies tiene muy poca). El resto del libro, bueno, el resto del libro está muy bien. Con un lenguaje periodístico muy claro y riguroso, pero a la vez lleno de certeras opiniones y matizaciones personales sobre lo que expone, nos cuenta la historia de los pilotos de aviación escogidos como los primeros astronautas en el programa Mercury. Sus procedencias, sus ambiciones, su estilo de vida. Las rencillas, las envidias, las decepciones que sufrieron durante la carrera espacial. Todo ello desde el enfoque sociológico del astronauta entendido como guerrero singular que representaba a toda una nación durante la Guerra Fría. Reconozco que el capítulo en que narra el recibimiento triunfal del primer norteamericano en orbitar alrededor de nuestro planeta consiguió emocionarme. Pero a decir verdad, ya he olvidado su nombre y el del resto de pioneros. Si hay algo que saben hacer muy bien en Estados Unidos, es crear espectáculo, un espectáculo que entretiene, sí, pero que está vacío en el fondo.

Para leer otras opiniones del libro os recomiendo echar un vistazo a La Biblioteca Errante.

14 jul. 2013

Nova - Samuel R. Delany

No me voy a andar con rodeos que bastante tiempo he perdido leyendo Nova: esta novela no vale un duro. Se trata de una especie de space-opera con ínfulas de alta literatura que me ha provocado estupefacción y vergüenza ajena a partes iguales. Como toda novela de aventuras espaciales comienza por meter en una misma nave un puñado de personajes pintorescos cada uno de su padre y de su madre, que al poseer personalidades diversas y muy extravagantes, se supone que darán mucho juego. A esto se suma un bochornoso enfrentamiento entre dos grandes y adineradas familias repartidas por la Galaxia, los Red de Draco (la Tierra y demás sistemas solares viejos) frente los Von Ray de la Federación de las Pléyades (los sistemas solares más jóvenes recientemente colonizados). Para incorporar elementos dramáticos y de grandeur, los miembros de dichos linajes se mezclan en un revoltijo inverosímil de amor y odio que en lugar de fascinar, provoca una risa nerviosa por lo patético que resulta.

La trama, muy resumida porque no merece la pena perder el tiempo con ella, va de la búsqueda de un elemento valiosísimo pero escasísismo que se ha vuelto imprescindible en la sociedad humana del siglo XXXII: el Ilirión. Se trata de una especie coltan que incluso en bajas concentraciones proporciona energía como para calentar planetas. Lamentablemente dicho elemento químico (de número atómico mayor que 300, atentos a la pincelada hard) se encuentra en pequeñas cantidades solo en planetas pertenecientes a sistemas solares muy jóvenes, lo que lo encarece mucho su extracción y le convierte en pieza clave de la economía. El protagonista, Lorq Von Ray, se embarca en una aventura ridícula para obtener Ilirión en el único lugar donde lo hay a toneladas: los momentos iniciales de la explosión en nova de una estrella.

A nivel técnico nos encontramos frente a una tontuna escrita con un lenguaje elevado super pretencioso y fuera de lugar. Veamos algunos ejemplos de las sugerentes descripciones que caracterizan a Samuel R. Delany:
"Las nieblas que velaban la meseta se desangraban en escamas bruñidas al amanecer"
"Una astringente bruma arsenical..."
"Las escamas micáceas relucían en el ramaje arácnido de la tila desnuda"
Nivelazo. A esto hay que añadir innovaciones narrativas que antes que sorprender, por lo menos a mí me sacan de quicio. Los colonos de los sistemas plantearios más nuevos hablan un dialecto cuya principal característica gramatical consiste en cambiar absurdamente el orden de los elementos del discurso. Sí, sí, exactamente igual que el deplorable Jar Jar Binks de la saga Star Wars. Por no hablar de un par de personajes que son gemelos y que hablan como si fueran una unidad, repartiendose la frase entre los dos. Irritante a más no poder. De todas formas en descargo del autor, no estoy 100% seguro de que la culpa de que este libro sea semejante fulaña sea exclusivamente suya. Tengo la impresión de que gran parte de la repulsión que me ha provocado su lectura se debe a la malísima calidad de la traducción. No se trata de que se empleen palabras poco habituales en el español europeo, que a esto te puedes acostumbrar sin problemas una vez estás metido en la narración (cosas como 'cucheta' en lugar de 'litera', 'transponer' en lugar de 'cruzar', 'hurguetear' en lugar de 'hurgar'), sino que en global, hay unas carencias serias de conocimiento del lenguaje a que se traduce. Qué mejor que verlo con algunos ejemplos extraídos directamente del texto.
"rebotó muellemente"
"una computadora programaba las movidas"
"movimientos bien aceitados"
"una creciente hinchó la red"
En fin, en mi opinión es difícil hacerlo peor, aunque no sé si es culpa de traductor, del editor o de ambos. Recomendación final, obvia a estas alturas: no perder el tiempo con ella. Yo lo he hecho solo por el morbo que me daba pensar en que iba a dar caña en el post. Por cierto, Samuel R. Delany tiene dos premios Nebula en su haber, el de 1966 por Babel 17 y el de 1967 por La intersección de Einstein. Si tenemos en cuenta que Nova quedó finalista en de 1969, ¿qué garantías de calidad tiene dicho galardón a mis ojos?

Para contrastar con otros aficionados a la ciencia-ficción os recomiendo echar un vistazo a los posts que le dedican en Rescepto indablog, con una percepción diametralmente opuesta a la mía, o en Búsqueda de hogar tras el bostezo, más moderado en su opinión sobre la novela, pero que termina considerando fallida.

8 jul. 2013

Pórtico - Frederik Pohl

A pesar de que Pórtico es un clásico de la ciencia-ficción, algo que yo no voy a cuestionar porque efectivamente así es, estamos más bien ante una novela psicológica en la que la culpa y los traumas toman protagonismo. Por supuesto todo el contexto en que transcurre la trama es 100% scifi. Veamos para empezar qué futuro ha ideado Frederik Pohl para situar la acción:

  • La Tierra, superpoblada y completamente deforestada, se abastece de alimentos generados a partir de tratamientos químicos a los materiales obtenidos de la minería (p.ej. la pizarra).
  • Las diferencias sociales son extremas: la mayoría de la población pertenece a la clase trabajadora y realiza tareas pesadas, rutinarias y alienantes. Una reducida minoría adinerada, que vive en ciudades exclusivas con atmósfera pura y protegidas por cúpulas, tiene acceso a modernas técnicas médicas que garantizan tantos años de excelente salud como puedan pagarse.
  • La humanidad ha colonizado Venus y Marte, aunque las condiciones de vida en dichos planetas son muy duras (los colonos han de vivir en túneles bajo la superficie de los planetas). Fue precisamente en los túneles de Venus donde se encontraron con los primeros restos de una civilización extraterrestre, los Heechees.
En este estado de las cosas y a través de un mapa Heechee se descubre una estación exploratoria abandonada en un pequeño asteroide dentro del perihelio de Mercurio. Existe muy poca información acerca de su función y/o funcionamiento, pues no ha sido posible descifrar ni localizar datos inteligibles de los alienígenas al respecto. Esta estación, denominada Pórtico, está dotada de unas mil naves de pequeño tamaño que realizan viajes incontrolados a destinos desconocidos. En ocasiones, las misiones han permitido obtener datos, materiales y objetos de interés para la humanidad. Claro que otras muchas veces o bien los viajes no dan resultados prácticos, o peor aún, terminan en desastre absoluto y con la tripulación muerta. Así pues, ser uno de los tripulantes de estas naves se convierte para el lumpen terrestre en una manera relativamente fácil de hacerse rico y cambiar de vida. Eso ocurrirá, evidentemente, siempre que la misión en la que los pilotos se enrolan aporte algún descubrimiento, pues la Sociedad Empresas Pórtico, Inc. paga tanto por los hallazgos en sí, como royalties por su futuro aprovechamiento.

Robinette Broadhead es un minero terrestre sin futuro, pero gracias a un golpe de suerte gana la lotería y la invierte en convertirse en un 'prospector' de Pórtico. Allí se enamora de una de sus profesoras y también prospectora, Klara, y ambos pasan los días esperando la misión perfecta, aunque todas comportan un riesgo que sus miedos les impiden asumir. Nuestro hombre tiene además un bagaje emocional bastante difícil, así que la situación (personal, económica y afectiva) en la estación se le va complicando hasta que no le queda más remedio que salir al espacio.

La novela es muy fácil de leer y entretenida, tanto por los aspectos de ciencia-ficción, que aportan emoción y misterio, como por el relato del conflicto personal de Broadhead. Aunque el libro es algo posterior a la New Wave (data de 1977), incorpora muchos elementos de debate social habituales en aquel movimiento: normalización del uso de drogas recreacionales, relaciones homosexuales aceptadas con naturalidad, las nefastas consecuencias de la superpoblación, la profunda brecha social existente, con veladas críticas al capitalismo, etc. A nivel narrativo, los capítulos se alternan por un lado entre la narración en pasado de las aventuras (espaciales y amorosas) del protagonista, y por otro sus sesiones de terapia en el presente con Sigfrid von Schrink, una inteligencia artificial doctor en psiquiatría. Los dos hilos van progresando en paralelo, mostrandonos por un lado los problemas y angustias que Rob experimentó durante sus días de prospector, y por otro sus traumáticas consecuencias en el presente, cuando se ha convertido en un gigoló multimillonario a raíz de alguna misión de éxito que se revelará con posterioridad. Al final, ambos desarrollos confluyen y mientras uno expone el final del viaje que le hizo rico, en la consulta se nos hace evidente el porqué del lamentable estado anímico que sufre el protagonista. Lo cierto es que después de tanto leer, a mí el cierre me ha resultado ligeramente sobreactuado, pero bueno, es un detalle mínimo que no enturbia la impresión general.

Tenéis un par der reseñas, breves pero acertadas, en Libros de Olethros y Libros.com

4 jul. 2013

Escrito con la Lengua - Roger Wolfe

Roger Wolfe tiene una muy pobre opinión del ser humano, ya sea como individuo, como elemento de la sociedad o como componente del sistema que gobierna a sus semejantes, lo cual, viendo el grado de necedad, estupidez y mezquindad que presencio a diaro no me extraña lo más mínimo. Lo que sí me ha extrañado es que su aguda y descarnada visión de la inmundicia que representa la humanidad date de fechas para mí tan pretéritas como 1992. Vamos, que en pleno orgasmo eufórico de Olimpiadas de Barcelona y Expo de Sevilla, cuando todos los estamentos públicos y los ciudadanos de a pie  contemplábamos entusiasmados el nuevo estatus alcanzado por España dentro del orden mundial de las grandes potencias, Wolfe ya se dedicaba a repartir mamporros en forma de breves y certeras reflexiones que nos muestran el absoluto y despreciable vacío con que nos encontramos si rascamos un poco la realidad que nos rodea. Y tras leerle se hace patente que sobra con pasar la uña mínimamente y casi sin interés para desenmascarar la patraña que somos.

El libro recopila algo más de 500 pensamientos escritos entre 1992 y 2001, algunos son solo un par de frases, otros, los menos, textos de un par de páginas o poco más. El británico naturalizado español no deja títere con cabeza en su batalla personal contra el mundo, aunque lógicamente los aspectos que más radiografía son los que le son más cercanos: por un lado el mundillo literario y sus miserias (no podía evitar pensar en Patrulla de Salvación al toparme con ellos), y por otro los gobiernos y sus vergüenzas. Pero también el ser humano en sus múltiples facetas y con toda la basura que arrastra recibe una buena dosis de la amarga medicina del escritor. Visto lo visto y leído lo leído queda más que justificada la desmedida misantropía que le provoca vivir en sociedad rodeado de tanto horror. Se aprecia por cierto una evolución en estos aforismos a medida que el autor va cumpliendo años: la rabia y virulencia contra el elemento atacado que se manifiestan los primeros años (con ese ímpetu típicamente treintañero) se tornan incomprensión e incredulidad, pero también aceptación irremediable de la situación en los últimos (ya estaba a punto de entrar en los cuarenta). 

En resumen, una lectura reconfortante, pues demuestra que aún queda inteligencia en las letras españolas. Lo malo es que por momentos me ha hecho reflexionar con algo de amargura sobre el grado de destinterés e indiferencia que he mostrado durante tantos años por la realidad que me rodeaba. Mientras Wolfe recopilaba y escribía sobre toda la mierda que nos rodea, yo no era más que uno de esos elementos inanes que aparecen en sus críticas. Puede que ahora mismo a sus ojos lo siga siendo, pero al menos a los míos no.

Tenéis otras reseñas en Crítica.cl y en Dragolandia, el blog de Sánchez Dragó. ¡Qué cosas!, yo enlazando con el blog de este señor, ¿quién me lo iba a decir? Os recomiendo quedaros exclusivamente en el post sobre este libro, yo no lo he hecho (ingenuo de mi) y todavía me hierve la sangre de las tontunas que he leído.
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